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“Hay que salir de la zona de confort y hacer lo máximo que podamos” – Parte I

Sonriente e inspirador, el científico cordobés visitó el Instituto Balseiro, en la ciudad de Bariloche, para dar un coloquio titulado “La revolución de la inmunoterapia en cáncer”. Después de la charla, que convocó a estudiantes y docentes de física e ingeniería además de investigadores de otras disciplinas, médicos y público general de la ciudad, Gabriel Rabinovich brindó una entrevista al Área de Comunicación Institucional y Prensa de este de este instituto dependiente de la CNEA y la UNCuyo.

En abril de 2017, ingresó como miembro extranjero asociado a la Academia Nacional de Ciencias de los Estados Unidos (NAS), una distinción que tienen en la historia sólo otros siete científicos argentinos. Entre otros múltiples reconocimientos por su trabajo en torno a la proteína llamada “galectina-1”, que juega roles cruciales en la regulación del sistema inmune y en enfermedades como el cáncer, Rabinovich recibió los premios Houssay, Bunge y Born, Konex de Platino y de Honor en Biomedicina y el de la Academia Mundial de las Ciencias (TWAS, por sus siglas en inglés). Su trabajo ya ha generado asimismo nueve patentes.

Licenciado en Bioquímica y Doctor en Inmunología por la Universidad Nacional de Córdoba (UNC), Gabriel Rabinovich es actualmente profesor en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires (UBA) e investigador superior del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet). Es además director del Laboratorio de Inmunopatología y vicedirector del Instituto de Biología y Medicina Experimental (Ibyme), el mismo que dirigió el Premio Nobel Bernardo Houssay.

Ante la consulta de si alguna vez lo confundieron con un Les Luthiers, se ríe y responde que siempre le preguntan si es familiar de Daniel Rabinovich, uno de los integrantes de esa mítica banda de humor. “La verdad que somos muchos los Rabinovich, pero no tengo parentesco, al menos que yo conozca. Hace poquito me hicieron una nota en un programa que se llama A Fuego Lento y, justo de casualidad también estaba la esposa de Daniel Rabinovich. Nos encontramos por primera vez y empezamos a hablar que a ella siempre le preguntan por mí y a mí me preguntan si soy algo de Daniel”, contó.

GALECTINA-1: HÉROE Y VILLANO

-Ya hablando de su trabajo como investigador, ¿cómo fue que pasó de estudiar en su época de estudiante la retina del pollo a tener hoy 30 personas en su laboratorio? ¿Hubo algo de suerte?

-La verdad es que siempre digo que no elegí la ciencia sino que la ciencia me eligió a mí. Siento, de alguna manera, que cuando empecé a hacer investigación pensé que sería sólo un trabajo transitorio. Tenía 23 años y quería saber qué se hacía en un laboratorio de investigación. Me gustaba la inmunología y la vida me fue llevando a investigar sobre esto, al punto que fue, claramente hubo suerte en el medio, un descubrimiento inesperado. Pero también hubo un motor muy fuerte de querer ver algo, porque, la verdad, todos los resultados de experimentos anteriores eran negativos. 

-Usted identificó la galectina-1 a partir de sus primeros estudios con retinas de pollos. ¿Por qué esta proteína es héroe y villano al mismo tiempo?

-La galectina-1 es una proteína que se produce en nuestro organismo. Cuando uno tiene una respuesta inflamatoria, por ejemplo para poder eliminar cualquier peligro que nos acecha, como un virus o una bacteria, inmediatamente se genera una cantidad de linfocitos T. Éstos empiezan a aumentar para eliminar esa amenaza, que puede ser un tumor o puede ser un microbio. Llega un momento en el que esos linfocitos T tienen volver a la normalidad. A eso se llama resolución de la respuesta. Una vez que la respuesta se ejecutó, se resuelve.

-¿Qué les pasa a los linfocitos T cuando ya cumplieron con su trabajo? ¿Se mueren?

-Sí, tienen que empezar a morirse para llegar a sus niveles normales. No podemos tener linfocitos T activados todo el tiempo. Es como tener un ejército dentro de nosotros y todo el tiempo luchando y luchando. Entonces la galectina-1 le dice: “Pará flaco, ya eliminamos el microbio”. Así, la galectina-1 aumenta la cantidad, forma ese dímero y empieza a matar esos linfocitos T que están de más. Eso lo vimos en nuestro laboratorio. En ese caso esta proteína es buena. Porque si a los linfocitos T los dejamos que sigan en su cantidad muy grande van a empezar a producir enfermedades inflamatorias, autoinmunes y a dañar tejidos propios. En ese sentido, galectina-1 es un héroe.

-En el embarazo también es “buena”, contó en el coloquio.

-Sí, en el embarazo también porque protege al feto que está creciendo y también a la mujer de que no haya un aborto no deseado por linfocitos T que están dañando la placenta. Ese bebé que está creciendo es mitad antígenos del papá y mitad antígenos de la mamá. Entonces cómo hacen los linfocitos T de la mamá, que es un gran misterio, para no dañar a la parte del feto que pertenece al papá. Son organismos diferentes con antígenos diferentes. Lo que hemos visto es que los tumores, a medida que van creciendo, producen niveles de esta proteína muchísimo mayores que los que tiene una célula normal. Esto permite que esté en gran cantidad y de ese modo eliminar linfocitos T que están activados.

-Los linfocitos T también se paralizan…

-Sí, son paralizados. Galectina-1 tiene varios mecanismos de acción. Un mecanismo es primero paralizarlos. Cuando ya están paralizados por mucho tiempo, exponen azúcares y esos azúcares permiten la muerte.

-Entonces en el contexto de cáncer la galectina-1 es letal.

-Sí, en ese caso es un villano. Se le acerca al linfocito. El linfocito no tiene galectina-1 cuando está activado y es normal, porque en algunos casos patógenos lo tiene pero no vamos a entrar en este tema. El tumor produce grandes cantidades de galectina-1 y eso  le sirve para matar al linfocito T.

ESTRATEGIAS Y PATENTES

-Viendo todo este panorama que ocurre dentro de nuestros cuerpos, que en coloquio usted describió como compuesto por bandos de aliados y enemigos, y en el que hay traidores también, ¿qué estrategias idearon para poder meterse en el juego y ayudar a sanar?

- Pusimos en juego la función dual, a veces buena y a veces mala de la galectina-1. Cuando es buena, necesitamos más. Cuando es mala, necesitamos bloquearla. Entonces para poder bloquearla hicimos anticuerpos monoclonales, que son proteínas que fueron descubiertas por César Milstein, Premio Nobel, y lo que hacen es neutralizar una determinada proteína. Nosotros los generamos anti-galectina 1, por lo tanto bloquean galectina-1. La idea es que cuando nosotros administramos esto a  un tumor, por ahora sólo con ratones, lo que hacemos es bloquear galectina-1. Al neutralizarla, forman complejos inmunes que se eliminan y esto impide que esa galectina 1 juegue un rol y elimine linfocitos T. Esa es una estrategia en el caso de tumores.

-¿Y la otra estrategia?

-En el caso de enfermedades autoinmunes, necesitamos más galectina-1. Entonces lo que hicimos fue  construir variantes de galectina-1 que son muy resistentes y es como darles más galectina-1 en su forma óptima para poder… Eso no lo podemos contar mucho aun porque estamos con el proceso de la patente.

-¿Cuántas patentes tienen ya?

-Ahora estamos enviando la décima. Pero si uno ve la relación trabajo-patente, tenemos 240 trabajos y diez patentes. Cada patente es muy complicada. Son patentes que pertenecen al CONICET y a la Fundación Sales, que es una fundación que nos ha ayudado durante todos estos años. En el mundo, la ciencia no depende sólo del Estado sino también de fundaciones sin fines de lucro con miles de donantes… Nosotros tuvimos la suerte de contactar, cuando no teníamos la posibilidad de contar con subsidios del Estado, con esta Fundación para el cáncer, que nos fue ayudando mucho. De hecho, estas patentes son caras y hay que pagarlas en cada país.

-Imagino que su trabajo en el campo de la inmunoterapia ha sido un camino con idas y vueltas…

-Cuando apareció el primer resultado positivo, después de tener resultados negativos, ya había empezado a pensar que no servía para hacer ciencia. Ahora, en forma retrospectiva, puedo contarles lo que me pasó a los chicos jóvenes para ayudarlos a superar las crisis. Porque durante las crisis uno cree que las cosas no le salen y baja la autoestima. Y encima eso era acompañado con concursos docentes que perdía y becas que no salían. No entendía cómo era el tema de la investigación. Veía mucho exitismo por un lado, pero a mí no me salía nada. Entonces me frustré durante un tiempo.

-¿Y qué pasó cuando tuvo ese primer resultado positivo?

-Fue el comienzo de mucho… Tuvimos esa curiosidad de decir qué es esto, porque podríamos haberlo dejado en que un anticuerpo reacciona y dejarlo ahí y no saber de qué se trataba. En cada momento podríamos haberlo dejado. Podríamos haberlo dejado en que mata linfocitos T, pero quisimos preguntar cuál era el rol fisiológico. Siempre me gustó profundizar. El lema en nuestro laboratorio, que me gusta mucho y que lo aplicamos todo el tiempo aún en épocas de vacas flacas, es: “Si podemos soñar lo podemos hacer”. A mí me parece que lo más importante es tener ganas. Tenemos una sola vida para hacer todo lo que queremos hacer. Tenemos que salir de la zona de confort y hacer lo máximo que podamos.

-Es un desafío…

- Obviamente, mi zona de confort es hacer investigación básica, escribir trabajos, proponer hipótesis. Pero ahora nos enfrentamos a algo que es casi una responsabilidad social. Muchas veces tuve esa disquisición de decir: si ya tengo un lugar en la comunidad científica… Me pregunto cuál es la necesidad de estar expuesto a tantas presiones de negociar con compañías farmacéuticas y buscar programas de transferencia, si lo puede hacer otra persona en otro lugar del mundo. Y, en realidad, pienso que es algo muy caliente que me está llamando y que si lo dejo pasar… Quizás en pacientes no funcione, no lo sé… Pero, si funciona puede llegar a ser fantástico. Voy a sentir que le encontré un sentido a mi vida. Más allá de la publicación de trabajos y de la formación de recursos humanos, que, ya de por sí, puede ser un excelente sentido de vida.

-Ya es mucho lo que ha logrado.

-Siento que si se corta mi carrera, podría decir que identifiqué la galectina y su funcionalidad, algo que sentó las bases para nuevos trabajos en otros lugares. Y que formé recursos humanos y que generé un grupo. La verdad que la gente que me eligió es fantástica. Valoro muchísimo el grupo de trabajo que tengo porque hay un respeto entre todos. Hay unas ganas de superación. A mí me da mucha satisfacción que gente tan buena me haya elegido.

-Seguramente usted también eligió a cada integrante de su laboratorio…

-Bueno, todos nos elegimos entre todos.

Ir a la segunda parte de la entrevista: en este link.

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Por Laura García Oviedo

Área de Comunicación Institucional

Instituto Balseiro

San Carlos de Bariloche, 09/08/2017

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Información adicional

  • Entrevistado: Dr. Gabriel Rabinovich