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Uno de los primeros docentes del Instituto Balseiro, Alberto Maiztegui, cuenta detalles en esta entrevista (segunda parte) sobre los primeros tiempos del entonces Instituto de Física de Bariloche. El Área de Comunicación del Instituto Balseiro publica esta nota en el marco del 62º aniversario del inicio de clases de esta institución dependiente de la CNEA y la UNCuyo.

Fecha de publicación: 01/08/2017

Tras su paso por el Instituto Balseiro, Alberto Maiztegui se mudó a Córdoba, donde fue director del entonces Instituto de Matemática, Astronomía y Física (IMAF) además de incursionar en la organización de las primeras ferias de ciencias de Argentina. Maiztegui co-organizó las primeras Olimpíadas Argentinas de Física y fue co-fundador de la Asociación de Profesores de Física de la Argentina (APFA). Fue también presidente por doce años de la Academia Nacional de Ciencias, fundada por Sarmiento en 1869, en la ciudad de Córdoba.

Si bien Alberto Maiztegui se recibió en la Universidad de Buenos Aires de Doctor en Ciencias Físico-Matemáticas en 1960, con la tesis realizada en el Instituto Balseiro y el Centro Atómico Bariloche, luego prefirió dedicarse a formar a nuevos científicos y a organizar las instituciones en las que trabajó. Como un libro abierto, relata en esta segunda parte de la entrevista realizada en Bariloche fragmentos de la historia del Instituto Balseiro y, a la par, de la física argentina, además de opinar sobre qué debería tener en cuenta un nuevo libro de física para escuelas secundarias*.

-Luego de mudarse a Córdoba, ¿volvió alguna vez como profesor invitado al Instituto?
-No, no volví como profesor invitado, salvo para hacer algunos cursos para profesores de enseñanza secundaria. Otra cosa que me satisface referir es que fui el iniciador de las ferias de ciencias en la Argentina. Y las inicié como director del IMAF en la ciudad de Córdoba. En el año ‘67 se hizo la primera feria de ciencias. Tiene una importancia muy fuerte en cuanto a la vinculación de investigadores con docentes y con estudiantes. El objetivo era que en las exposiciones que se hacían en las ferias hubiera un contacto ligero, liviano, entre investigadores y estudiantes, entre investigadores y los profesores asesores de los estudiantes. O sea una conexión de la universidad con los distintos niveles de la educación.

-¿Recuerda algún profesor o investigador que lo haya marcado cuando usted era estudiante?
-Gaviola, que fue director del Observatorio Astronómico de Córdoba. Era un hombre singular, de altísimo nivel intelectual y personal. Era un modelo de persona, con muchos defectos también, porque era humano, en particular en sus decisiones políticas. Él era muy rígido. Renunció cuando no estuvo de acuerdo con el Ministerio de Educación de la Nación y le aceptaron la renuncia, que podrían habérsela rechazado pero no comprendían entonces a un hombre como Gaviola. Él fue el que, entre sus decisiones significativas para la Argentina, decidió contratar a Guido Beck, un físico de primera línea que en el año ‘43 estaba huyendo de los nazis por ser judío. Siempre digo que Gaviola hizo una malversación de cargos porque contrató a Beck como astrofísico cuando en realidad era físico teórico.

-Gaviola contrató entonces a Guido Beck, que más tarde fue profesor en el Instituto de Física de Bariloche...
-Guido Beck fue maestro de Balseiro. Balseiro era, inicialmente, cuando se recibió en la Universidad Nacional de La Plata de Doctor en Física, un físico experimental. En su contacto con Beck, en el Observatorio de Córdoba donde se había instalado Balseiro contratado por Gaviola, la presencia de Don Guido Beck le cambió la especialidad a Balseiro y lo transformó en físico teórico. Guido Beck y Enrique Gaviola, entre otros, influyeron muchísimo en el desarrollo de la física en Argentina. Fueron de los principales responsables de la organización de la Asociación Física Argentina que se creó en La Plata en 1944.

-A usted también lo mencionan como uno de los referentes de la física argentina...
-No, no. Mis contribuciones principales fueron en la educación de la física pero no como investigador, repito, porque quiero que quede claro. Fue parte de mi vida dedicarme a la organización de la ciencia en las instituciones donde pude trabajar.

-¿Qué le diría ahora a un docente que lea esta nota? ¿Quizás alguna clave para entusiasmar a los chicos a estudiar ciencia?
-Bueno, les diría que es importante trabajar con los estudiantes de una manera ejemplar entregándoles todo lo que puede ser capaz de entregar. Y, principalmente, entregarles todo eso con amor, con amor a la docencia y con amor a la juventud.

-Cambiando de tema, ¿qué piensa sobre el informe de Balseiro con respecto al proyecto de la Isla Huemul?
-Ese informe fue la clave para dejar a un lado a Richter y sus pretendidas investigaciones. No sé si Richter era honesto o deshonesto pero estaba errado, eso sí. El informe de Balseiro fue fundamental para separarlo de los trabajos que venía haciendo en la isla Huemul

-¿Y cómo influyó lo que pasó en la isla Huemul con el nacimiento del Instituto?
-(risas) Recuerdo algo con mucha gracia. Jorge Sábato dijo una vez que habría que hacerle un monumento a Richter, en forma irónica, porque Richter eligió Bariloche como su sede de sus trabajos y eso dio origen a la creación, posteriormente, del Instituto de Física y del Centro Atómico Bariloche. Las cosas extrañas de la vida... que una cuestión tan fallida como la de Richter, una aventura tan pobre, da origen a una institución como el Balseiro y el Centro Atómico Bariloche, que realmente es de primera línea en el país y muy respetada en todo el mundo. Las incongruencias de la vida que tienen esos altibajos son realmente misteriosas.

-¿Qué puede contar de Jorge Sábato, con quien es autor del libro “Introducción a la Física”, el famoso “Maiztegui Sábato”?
-Ese libro de física es muy curioso... Calculo, así en forma global, que unos 5 millones de chicos latinoamericanos han estudiado física por nuestro libro. Y fíjese que fue una de mis obras significativas de las que estoy orgulloso. Lo digo sin pudor. Teníamos Sábato 24 años y yo 28 años de edad. Tanto Jorge como yo éramos profesores de física egresados del Instituto Nacional de Profesorado Secundario de Buenos Aires. Esa formación que nos dio aquel Instituto fue la que transmitimos en el libro. La característica fundamental del libro, aparte de que contiene buena física, fue la presentación didáctica de los temas, con sencillez, con un lenguaje limpio pero no rígido. E incluía ejemplos de la vida diaria que hizo factible acceder a los chicos a comprender los fenómenos físicos de la vida diaria como parte de un curso de física.

-¿Por qué empezaron a escribirlo?
-Esa es otra historia. La editorial Kapelusz había publicado el libro de física de los ingenieros Galloni y Fernández, que era un muy buen libro pero didácticamente, yo le diría, un poco rígido. Eso fue lo que cambiamos nosotros. Ellos tuvieron muchísimo éxito porque era un buen libro. Tanto acceso tuvo que cuando terminó el contrato de Fernández y Galloni con Kapelusz, ellos, los autores decidieron separarse de la editorial y editarlo por cuenta propia. Entonces Kapelusz se quedó sin textos de física para la enseñanza secundaria.

-¿Cómo llegaron a contactarlos a ustedes?
-Por una vinculación de la editorial con Ernesto Sábato, el escritor tío de Jorge, hizo que Kapelusz le propusiera a Ernesto que escribiera el libro. Ernesto nos presentó en Kapelusz como posibles autores a Jorge, su sobrino, y a mí, que me conocía como alumno del profesorado. Kapelusz aceptó y nos dio rienda libre.

-¿Cómo fue la experiencia de escribir el libro?
-Hicimos el libro con ideas nuestras sin recibir ninguna indicación o exigencia de la editorial. El programa que desarrollamos en el libro no tenía nada que ver, o muy poco que ver, por lo menos en el orden de los temas, con el programa oficial. Hicimos un programa nuestro. Kapelusz aceptó y el primer tomo salió en el año ’52; y el segundo tomo salió en el año ‘55. Además incluimos en nuestros libros algo que ni estaba en los programas oficiales ni en las publicaciones de otros textos: eran temas de física moderna. Esa fue también una de las novedades el libro.

-¿Le dan ganas de actualizarlo?
-Mire, déjeme decirle algo. Acá ha pasado una cosa muy importante, y ya no tengo fuerzas para encararla. Es la irrupción de la informática y la computación. Habría que revisar los textos teniendo presente que la computadora forma parte de la vida de un estudiante. Entonces hay que introducir la computación en los textos actuales. Diría que no sólo de física sino de cualquiera, hasta de historia. Ese es un trabajo mayúsculo que ya no puedo hacer. A mí me gustaría, lo he pensado pero no puedo. Ahora me digo que estoy como jubilado full time (risas).

-¿Cómo describiría a José Antonio Balseiro?
-Conozco dos facetas de Balseiro. Una, la personal y amistosa, que siempre comento que me llamaba la atención la sencillez de Balseiro en su vida personal. Era un hombre común. En cambio, profesionalmente era un adalid, sin ninguna figuración. Con una sencillez, penetraba en la gente que lo rodeaba y que trabajaba con él. Tenía la virtud que está a la vista con lo que hizo en el Instituto. Porque lo que hizo con el Instituto lo hizo merced a ese espíritu que él transmitió. Era la fuerza de esos valores que ponía: la sinceridad, la honradez, el respeto al trabajo ajeno. “El respeto al trabajo ajeno”, que si no me equivoco es una frase que figura en el discurso de Balseiro. Eso era Balseiro, un hombre simple pero fuerte.

-Leí una anécdota de la primera promoción de estudiantes que una vez estaban tan cansados que fueron a plantearle a Balseiro que no daban más y que él les dijo “bueno, mañana se van de excursión” y después ya volvieron a tomar el ritmo normal.
-Eso fue con la primera promoción, diría en el segundo mes de estar trabajando. La exigencia era muy fuerte, entonces se planteó el asunto de que había un exceso de exigencia. En el afán de formarlos y de darles lo mejor había un exceso del requerimiento de esfuerzo. Y pasó eso efectivamente: los estudiantes fueron a pasear, se declaró feriado ese día (risas). Y se cambió el plan de estudios. La idea era hacerlo en tres años y, a partir de ese momento, no recuerdo exactamente, se recibieron en tres años y medio.

-¿Recuerda alguna otra anécdota sobre Balseiro?
-Pasó una cosa muy interesante con uno de los estudiantes, Olcese, que fue a verlo un día a Balseiro y le dijo: “Esto es demasiado para mí, yo no soy capaz de seguir estos estudios”. Luego Balseiro me dice: “Che, me ha pasado esto, se va Olcese”. Pero uno de los compañeros de Olcese le robó el boleto del tren. Fue a la estación, lo devolvió y le dio la plata a Olcese (risas). Esa noche fue una algarabía con los estudiantes con las novedades. ¿Usted se da cuenta el ambiente que había? Y lo interesante es que Olcese, años después, fue director del instituto.

-Un ambiente muy familiar...
-Te cuento una más: Estábamos tomando el examen final de Laboratorio y estaba finalizando el examen de uno de los chicos. Entonces se abre la puerta y se asoma Paco (N. de la R.: Francisco de la Cruz, egresado de la cuarta promoción de Licenciados en Físicas de este instituto), en el momento en que ya estábamos despachando al que había dado el examen. Entonces lo miro al Paco y le digo: “Venga, vamos a rendir el examen”. “No, no, no” decía. Lo hicimos pasar y él se desesperaba porque estaba en pantuflas (risas)... Él venía de su habitación que estaba al lado en el otro pabellón. Sólo se había asomado a pispear qué estábamos haciendo. Le fue bien en el examen. Esto lo cuento para mostrar que la relación entre los docentes y los alumnos era tal que uno sabía perfectamente... El examen se tomaba a lo largo del cuatrimestre, al final del ciclo ya estaba tomado el examen.

-¿Mantiene la amistad con sus ex alumnos?
-Cuando nos juntamos parece que nos hubiéramos visto ayer, una cosa muy linda. Una cosa afectivamente muy fuerte. Esa es una de las cosas que yo reservo en el corazón, las relaciones personales con la familia Balseiro y con los estudiantes.

-¿Qué opina sobre estos supuestos enfrentamientos que se dice que hay a veces entre universidades nacionales y el Balseiro? ¿No habría que generar una sinergia?
-Déjelos que se peleen (risas). Hay que aportar posiciones e ideas nuevas, siempre arrastran a la oposición. Mientras sea honesta, bienvenida.

-En la actualidad el Instituto Balseiro tiene en total once carreras de física e ingeniería: cuatro de grado y siete posgrado. ¿Se imaginaba que iba a crecer tanto?
-No. Confieso que me sorprenden las dimensiones que han tomado el Centro Atómico y el Instituto. Es algo totalmente sorprendente y confortante. Con todas las dificultades que ha habido, porque la lucha es permanente por esto, por lo otro, por lo de más allá. Y el trabajo es permanente para subsistir y para avanzar. El INVAP, por ejemplo que es un desprendimiento del Balseiro. Eso se ha logrado con el esfuerzo y con la consagración a la institución.

Ir a la primera parte de la entrevista: en este link.

*Esta entrevista contó con varios pasos hasta finalmente poder ser publicada. Fue realizada en Bariloche por la Licenciada en Ciencias de la Comunicación (UBA) y periodista científica Laura García Oviedo, responsable del Área de Comunicación del Instituto Balseiro, en el verano de 2014. A principios de 2017, fue desgrabada en Mendoza por la becaria del Área, la estudiante de Comunicación Social (UNCuyo) Victoria Posada. La edición fue realizada por García Oviedo y finalmente fue publicada en ocasión de este nuevo aniversario del inicio de clases.

Hoy, 1 de agosto, se cumple el 62º aniversario del inicio de clases en el Balseiro. Para conmemorar esa fecha, el Área de Comunicación del Instituto Balseiro comparte esta entrevista a uno de sus primeros docentes: Alberto Maiztegui, un referente para adolescentes en América Latina que aprendieron física del famoso libro “Maiztegui-Sábato” como así también para generaciones de estudiantes y docentes universitarios que lo tuvieron como profesor.

Fecha de publicación: 01/08/2017

Nació el 7 de abril de 1920 en la ciudad de Gualeguay, provincia de Entre Ríos. Hijo de un tendero, Alberto Maiztegui fue el más joven de ocho hermanos, cinco varones y tres mujeres, que eligieron diferentes profesiones: medicina, abogacía, odontología y hasta música. Él, por su parte, eligió la docencia de la física. Al punto que se convirtió, a partir de un libro que co-escribió con Jorge Sábato, cuando ambos eran veintiañeros, en un referente de la enseñanza de esta ciencia.

Alberto Maiztegui es uno de los autores del popularmente llamado “Maiztegui-Sábato”, un libro que usaron diferentes generaciones de jóvenes para aprender física en la escuela secundaria. Criado en la ciudad de Buenos Aires, allí también estudió el profesorado y se recibió de Licenciado y Doctor en Física en la Universidad de Buenos Aires (UBA). De espíritu inquieto, ya casado y con familia, se mudó a Bariloche para integrar el primer plantel de docentes del Instituto de Física de Bariloche, en 1955. Luego se mudaría a Córdoba, donde desarrolló una extensa trayectoria de docencia y gestión universitaria.

En su paso por Bariloche, el Área de Comunicación del Instituto Balseiro lo entrevistó en una amena y relajada charla realizada en la Hostería Valle del Sol, en el Circuito Chico, rodeados de lagos y montañas. En esta primera parte de la entrevista*, Maiztegui revisita su paso por Bariloche, habla de su amistad con José Antonio Balseiro y recuerda los primeros tiempos de este Instituto que este año cumplió 62 años de vida.

-¿Cómo llegó al Instituto Balseiro?
-Es una historia un poco larga porque es la historia del Instituto (risas). En 1954, la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) organizó unos cursos en enero, febrero y marzo para el personal que se estaba preparando para ser reactorista o atender los reactores que no teníamos entonces. Ese curso se repitió en el ’55, al cual yo concurrí no sólo con gente de la CNEA sino con estudiantes de las universidades de Buenos Aires y La Plata. Viendo cómo se desarrollaban las actividades en forma muy favorable en cuanto a la interacción entre la gente, entre los docentes y los jóvenes estudiantes, se decidió crear el instituto de física de Bariloche.

-¿Qué opina sobre la idea de crear este instituto desde la actualidad?
-A mi juicio, desde hoy, puede uno con tranquilidad decir que fue una historia casi disparatada porque estábamos en un momento político dificilísimo. Estábamos a dos mil kilómetros de Buenos Aires, las vías de comunicación eran pobres y era un momento en que la universidad argentina se abría masivamente: sólo hacía falta inscribirse. Pues se organiza un instituto de física en esas condiciones pero para ingresar solamente quince estudiantes becados. No me diga que no era un disparate, ¿no?. Pero era un disparate hermoso y fructífero como lo estamos viendo en los días de hoy, en lo que se ha convertido el Instituto Balseiro y el Centro Atómico Bariloche.

-Entonces vino aquí en esa escuela de verano que se hizo en 1955, ¿y luego directamente decidió mudarse a Bariloche?
-Sí, era amigo y alumno de Balseiro y me incorporé al personal que iba a iniciar el Instituto de Física el 1º de agosto del ‘55. Vine como profesor adjunto e investigador de la CNEA. Ya estaba casado y tenía dos hijas. Cuando ya estábamos viviendo en Bariloche llegó la tercera hija que forma la trinidad. Hoy tengo una familia muy numerosa con once nietos y quince bisnietos. Ninguno se ha dedicado a la ciencia (risas).

-¿Lo convencieron para que viniera como profesor?
-No, yo lo convencí a Balseiro para que él me trajera como profesor. En ese momento estaba terminando la licenciatura, de hecho la finalicé en diciembre del ‘55. Vine un poco antes de terminar la licenciatura y con el título de profesor en enseñanza secundaria de física. Aquí di, como ayudante de Balseiro, las materias de laboratorio de enseñanza y electromagnetismo.

-¿Qué recuerda de esas primeras clases?
-Ahh, las primeras clases... La relación era algo muy notable, a mí me impactó muchísimo ese ambiente de convivencia dentro del Centro Atómico. Los estudiantes y los profesores vivían allí como una familia. Se formó una relación afectiva muy fuerte que conservo hasta el día de hoy. Lo habrá podido ver, mi relación con Abe Kestelmann, Arturo López Dávalos y muchos otros ex alumnos.

-¿Y qué recuerda de aquellos primeros años?
-Más adelante hubo momentos difíciles, sobre todo cuando en el año ‘62 murió Balseiro, que era el alma del instituto. Logró darle al instituto un espíritu de fortaleza que lo mantuvo a través de distintas vicisitudes. Esas dificultades se vencieron con la participación de sus primeros egresados, que contribuyeron al mantenimiento del nivel los cursos. Ha quedado el espíritu de Balseiro. Vi que tienen unas copias del discurso de Balseiro al despedir a la primera promoción que fue una obra realmente sólida, fue una transmisión de valores que le dio la fortaleza al instituto.

-¿Cómo era José Antonio Balseiro?
-Era un hombre común. Eso es muy curioso... Yo, que lo conocí como amigo, siempre digo que me admiró que como persona era un muchacho más. Balseiro era muy joven, tenía 35 años, cuando se inició el Instituto. Era un muchacho más pero tenía un espíritu con una fortaleza capaz de transmitírsela a los egresados

-¿Qué valores tenían en cuenta cuando hacían la selección de becarios?
-La primera selección fue muy curiosa. No recuerdo exactamente cuántos fueron pero calculo que alrededor de 40 o 50 chicos se presentaron como candidatos a las 15 becas. El examen se tomó con los profesores conversando con los chicos, y observando sus pensamientos, sus reacciones, sus características. Se trataba de discriminar entre ellos a aquellos que podían tener las condiciones necesarias para ser buenos científicos consagrados a la ciencia. Más adelante se tomaron exámenes de física y matemática. Pero en aquella ocasión era “semblanteándelos”, diría yo, como en el juego del póker, para indagar dentro de su naturaleza. Y tuvimos éxito porque los egresados fueron excelentes. En ese primer examen participé como testigo; nunca fui examinador.

-¿Y qué características le parece que tiene un buen científico?
-Eso es difícil. Primero, la honestidad intelectual; segundo, la consagración al trabajo, una consagración que pone al trabajo en un primer nivel dentro de otras necesidades para la vida de un hombre o de una mujer.

-Usted se dedicó más a la docencia que a la ciencia. ¿Por qué?
-Es que yo me recibí de licenciado y de doctor un poco grande. Me doctoré a los cuarenta años. A esa altura de mi vida mi participación en las actividades del Instituto era para la docencia y la organización de la institución más que para la investigación científica. Fue así como después, en Córdoba, como director del Instituto de Matemática, Astronomía y Física (N. de la R.: IMAF), la organización fue también mi principal actividad.

-Es muy importante porque es como un círculo que se retroalimenta, ¿no?
-Es cierto. Diría que a mí me faltó lo que tuvieron los chicos que ingresaron a la licenciatura jóvenes, con veinte años. Esa parte me faltó. Siempre trabajé en docencia hasta venir a Bariloche con treinta y cinco años y ahí mi participación tuvo mucho peso sobre la parte de la organización.

-¿Qué otros referentes recuerda de esa primera época del Instituto?
-Teníamos un excelente matemático y una excelente persona: Manuel Balanzat. Él fue quien inauguró los cursos el 1º de agosto del ‘55 a las 8:30. Entró al aula y así se inició el Instituto, con la clase de matemática de Balanzat. Otros eran, por ejemplo, Mcmillan como químico, Abele un excelente físico italiano que después se retiró del Instituto, lo mismo que Moretti. Y entre los docentes jóvenes, Mario Foglio, Tomás Buch...

-¿Qué sensación tenían de lo que estaban haciendo?
-No teníamos demasiada sensación. Lo estábamos haciendo con toda el alma y salió bien. No lo juzgábamos. Sí estábamos convencidos de que lo que estábamos haciendo en materia de formación de investigadores estaba bien encaminado. Y los resultados demostraron que teníamos razón: estuvimos bien encaminados.

-Usted se formó en la Universidad de Buenos Aires, donde estaba como decano Rolando García. ¿Qué dijo él cuando usted se vino para el Instituto de Física?
-Él no me conocía. Pero yo sí a él porque Rolando García también era profesor de ciencia en la Escuela Normal Mariano Costa, donde me gradué como maestro. Rolando García tuvo que sufrir la noche de los bastones largos en la cual lo castigaron. La policía entró, rompió puertas y castigó y golpeó y ensangrentó a profesores dignísimos. Una cosa inaudita, increíble, en un país civilizado. Eso fue en el ‘66, o sea casi diez años después de la creación del Instituto.

-La primera mujer egresada del Instituto Balseiro, Verónica Grunfeld, contó en alguna ocasión que Rolando García y José Antonio Balseiro no se llevaban muy bien pero que igualmente accedieron a hacer unos cursos entre estudiantes de ambas instituciones...
-Sí, no se llevaban muy bien. Yo lo diría de otra manera: no tenían los mismos criterios pero tenían los mismos valores de manera que se respetaban mutuamente. Y hubo un momento, por el año ’58, en el que hubo una devaluación brusca del peso, que pasó de algo así como 40 pesos el dólar a ochenta pesos el dólar de la noche a la mañana. Eso provocó un cimbronazo dentro del Instituto, incluso algunos profesores se fueron al exterior. Eso llevó a un intento que hizo Rolando García de llevar el Instituto de Física de Bariloche a Buenos Aires.

-¿Y qué decía Balseiro?
-Que no (risas). Recuerdo al mismo Rolando García, con Juan Roederer, un físico argentino excelente y muy buena persona también... Se hizo ese intento para reunir fuerzas. La universidad de tanto en tanto era castigada de alguna manera y se perdían instituciones, se perdían investigadores, entonces convenía tener más de un centro porque si el gobierno rompía uno quedaba otro. Total que no se realizó la unificación de Bariloche con Buenos Aires.

- ¿Hasta qué año estuvo usted en Bariloche?
-Me fui de Bariloche en junio del ‘61 ante una oferta del Instituto de Matemática, Astronomía y Física de la Universidad Nacional de Córdoba para ser profesor titular. Tenía una situación familiar que me preocupaba mucho, y era que mis hijas empezaban a ser quinceañeras y en Bariloche no había universidad. De manera que nosotros, mi mujer y yo, no queríamos enviar nuestras hijas a una pensión lejos de nosotros. Y la oferta de Córdoba me vino a mí en un momento familiarmente muy oportuno. Decidí, con mucha pena, ir a Córdoba.

-¿Qué balance hace de esa decisión?
-Considero que hice bien porque Córdoba me ofreció la oportunidad de hacer cosas, digamos así, dentro de la organización del IMAF. Tuve éxito siguiendo una idea de Balseiro que era la de formar el cuerpo docente sobre la base de los egresados propios, creándole las condiciones de trabajo, el sueldo, la estabilidad... Y dotando a la institución de instrumental y de una forma de vida para que los docentes pudieran desarrollarse como científicos. Entonces en eso tuve éxito porque me apoyaron el Consejo Superior de la Universidad Nacional de Córdoba y los sucesivos consejos en esta postura de formar el cuerpo docente fundamentalmente con los propios egresados.

-O sea que el ejemplo de Balseiro se propagó por muchos lugares...
-Eso ya lo creo. Yo lo tomé a Balseiro como un modelo de organización de pensamiento y un modelo de vida también. Es muy curioso lo de Balseiro porque fíjese la edad, tenía 35 años cuando creó el Instituto y se murió tres días antes de cumplir 43, en plena juventud, en plena potencia. Pero tuvo la capacidad espiritual de llevar adelante el proyecto, casi como un legado, y de entregárselo a su gente para formar ciencia con fuertes valores espirituales.

Ir a la segunda parte de la entrevista: en este link.

*Esta entrevista contó con varios pasos hasta finalmente poder ser publicada. Fue realizada en Bariloche por la Licenciada en Ciencias de la Comunicación (UBA) y periodista científica Laura García Oviedo, responsable del Área de Comunicación del Instituto Balseiro, en el verano de 2014. A principios de 2017, fue desgrabada en Mendoza por la becaria del Área, la estudiante de Comunicación Social (UNCuyo) Victoria Posada. La edición fue realizada por García Oviedo y finalmente fue publicada en ocasión de este nuevo aniversario del inicio de clases.

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San Carlos de Bariloche, 01/08/2017

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Viernes, 02 Octubre 2009 19:13

Primera Graduación

Primera Graduación

El 7 de junio de 1958 se graduó la primera promoción de licenciados en física del Instituto Balseiro. El discurso pronunciado por el Dr. Balseiro, en particular al dirigirse a los graduados, y la crónica escrita por el Dr. Juan Mc Millan pocos días después, mantienen aun hoy un indudable interés.


Palabras del Dr. José Balseiro

Señor Rector de la Universidad de Cuyo, Señor Presidente de la Comisión Nacional de Energía Atómica, Señor Presidente de la Misión de la Organización Internacional de la Energía Atómica, autoridades locales, señoras y señores. Hace tres años, el 1ro de agosto de 1955, un grupo reducido de profesores y más reducido aún de asistentes, comenzábamos en un aula improvisada la tarea que, cumplida en su primera etapa al egresar de este Instituto su primera promoción, celebramos hoy con este acto al que honran con su presencia las autoridades máximas de la Universidad de Cuyo y de la Comisión de Energía Atómica. Como es de público conocimiento este Instituto fue creado por iniciativa de la Comisión Nacional de Energía Atómica en Convenio con la Universidad de Cuyo y financiado por la primera institución. Se nos confió a nosotros la responsabilidad y el privilegio de darle forma y espíritu. Estamos convencidos de haber cumplido con las esperanzas y confianza que fueron depositados en nosotros: al dar al país nuestros primeros trece licenciados podemos afirmar, con cierto orgullo legítimo, que el nivel científico alcanzado por esos egresados no desmerece frente a los egresados de otros centros de estudio del mundo. No pretendo con esto que hemos logrado el máximo de lo posible. Todo lo contrario, hay todavía mucho por mejorar, mucho que afirmar y cimentar. En este sentido debo aclarar que, para cumplir esta primera etapa ha sido necesario, y no hubiera sido posible en otra forma, contar con el aporte de otros profesores del país y del extranjero que complementaran y ampliaran la labor del cuerpo estable de profesores que reside en Bariloche. Ha sido necesario improvisar laboratorios, acelerar construcciones, solicitar en préstamo instrumental, efectuar adquisiciones con suma premura y esto, a veces, apartándose de las estrictas normas administrativas. Todo esto ha sido posible, y siento la obligación de dar público testimonio de ello, en primer lugar, merced a la diligincia y solicitud que las autoridades de la Comisión Nacional de Energía Atómica, involucrando en ellas a las del Centro Atómico Bariloche, han tenido siempre para resolver los problemas que plantea el funcionamiento de este centro de estudios, destacando en forma especial las facilidades otorgadas para que miembros de su calificado personal científico colaborara en tareas docentes. No en menos debe apreciarse el decidido apoyo prestado por las autoridades de la Facultad de Ciencias de San Luis y del Rectorado de la Universidad de Cuyo. Todo ello ha permitido que la distancia y las dificultades en las comunicaciones no plantearan problemas sino de muy segunda importancia. Este decidido apoyo de la Comisión Nacional de Energía Atómica y de la Universidad de Cuyo es lo que ha permitido proseguir las actividades en forma fructífera. Pero todo ello no hubiera sido más que una expresión de deseos si no se contara con la labor ejemplar del cuerpo docente cuya dedicación, desinterés y espíritu de colaboración han permitido crear el ambiente propicio y compensar la gran dificultad de su escaso número. Por último deseo también hacer público mi reconocimiento a todos aquellos que han colaborado y colaboran en forma directa o indirecta en estas tareas.

Señores egresados: Quisiera que las palabras que les dirijo, que son palabras de despedida como alumnos, no las escuchen como un discurso impuesto por las circunstancias. Mi deseo, más bien, es que resuenen en ustedes como mi última lección. Una lección que resuma, no la física y las matemáticas que bien han aprendido, sino los principios de ética académica, corrección, hombría de bien y patriotismo que hemos intentado inculcarles con la prédica y el ejemplo. En primer lugar, no deben olvidar que la formación recibida es fruto de la confianza que se ha tenido que en nuestro país existe una juventud capaz, ansiosa de aprender y progresar y que en condiciones adecuadas puede alcanzar el nivel de las juventudes de países científica y técnicamente más adelantados que el nuestro. Hasta el día de hoy ustedes han demostrado que esa confianza es justificada. En el futuro la evolución de ustedes debe estar acondicionada por las dos metas fundamentales que justifican la hermosa carrera que han elegido: la investigación y la generación de discípulos. No es privativo únicamente del superdotado la creación científica y estoy seguro que todos ustedes en mayor o menor grado pueden lograr ser investigadores capaces de obtener resultados que les pertenezcan. Pero también les compete participar en una tarea de fundamental importancia: la de contribuir a la formación de un ambiente propicio, porque, a diferencia de los países científicamente adelantados, donde la tradición académica es secular, en el nuestro es incipiente. Tengo el más profundo optimismo respecto de las posibilidades intelectuales y en el futuro de nuestro país. Pero ese optimismo no implica que crea que ese futuro promisorio pueda lograrse sin lucha ni esfuerzo. Otros han abierto para ustedes los primeros senderos y echado los cimientos. A ustedes les cabe participar en la tarea de convertir los senderos en caminos y los cimientos en edificios. Pero no es tarea sencilla y que pueda realizarse sin esfuerzos ni desazones. Como la investigación, la formación de discípulos tiene también algo de creación. Pues bien, señores, la conciencia de haber producido algo que tiene con uno una relación de pertenencia no alcanzable por los bienes materiales conduce a una plenitud espiritual que es la compensación del ciento por uno de los desvelos, frustraciones y desazones. Pero estos tres objetivos sólo pueden alcanzarse dentro de un marco de normas éticas y de conducta, y que, si se apartan de ellas dañarán su propia labor y, lo que es peor aún, dañarán la ajena. En primer lugar deben tener presente sus obligaciones y deberes antes que sus derechos, por legítimos que estos sean. Deben llegar a poseer un profundo conocimiento de sus propias limitaciones y defectos. Esta es la forma de lograr superarse a si mismos y transformar sus defectos en cualidades y único camino hacia la modestia, no la modestia teatral, no la arrogancia de sentirse modesto, sino la auténtica, la espontánea, la virtud cardinal del hombre de ciencia. Deben tener un profundo respeto por el trabajo ajeno. Respeto por el que más sabe y puede más, pero también respeto por el menos dotado, el que puede menos pero que realiza su labor con humildad, tesón y cariño. No creo que haya un índice más patético de incultura, exceptuando la violencia, que la falta de respeto por el trabajo ajeno. Esta falta de respeto es una forma de destrucción y quien destruye el fruto del trabajo ajeno bien puede ser calificado de salvaje, esto es, la incultura en su más prístina forma. Deben lograr desarrollar al máximo el sentido de la justicia y la responsabilidad. Las críticas y protestas raramente son fecundas. Si nos dejamos arrastrar por ellas muy probablemente cometeremos injusticias. Esto no significa aconsejarle pasividad o transigir en tomar el camino más fácil de la sumisión. No. Llegado el momento puede ser irresponsabilidad o cobardía el no tener la voluntad o valor de plantear una crítica sana. En tal caso la crítica debe ser hecha en forma clara y fundada. Muy distinto es, aunque morfológicamente la palabra sea la misma, el espíritu crítico, cuyo desarrollo debe también lograrse al máximo posible. El espíritu crítico es toda disciplina indispensable en el trabajo científico, en la valoración de la obra propia y ajena. Significa el manejo de normas que nos conducen a aceptar lo correcto y deshechar lo incorrecto. En el juicio de las personas, a descubrir su valor y rechazar al relumbrón o al impostor. Pasando de las normas éticas que deben orientar sus conductas, a las tareas para las cuales han sido preparados deben tener siempre presente que la labor científica exige una vocación real y una dedicación absoluta. En esto no hay medias tintas. Siempre podrá buscarse un justificativo para apartarse de esta exigencia. Pero en tal caso es siempre preferible puntualizar claramente que no se tiene la templanza y la fortaleza espiritual para sobrellevar dificultades inherentes a esta exigencia y dedicarse explícitamente a otra actividad en la que igualmente podrá ser útil a la sociedad. En caso contrario es avenirse a representar una farsa. Ustedes están llamados a prestar un concurso de ponderable valor para el progreso de nuestro país. Es posible que ello implique por parte de ustedes algunos sacrificios, pero la conciencia que esos sacrificios son necesarios es para nosotros el sentido del patriotismo. A nuestros próceres se les exigió el riesgo de su vida sino de su vida misma. A ustedes sólo se les pide contracción al trabajo y llegado el caso algunos renunciamientos que serán ampliamente compensados por el logro de sus afanes. En el silencio de los gabinetes, en el recogimiento de los laboratorios y aulas sin ostentaciones ni ampulosidades, ocuparán una posición preeminente en la sociedad. Que para eso tienen la inteligencia que Dios les ha dado y para eso son las oportunidades que la Patria les ha brindado.


Crónica del Dr. Mc Millan

Primera colación de grados en la Escuela de Física de San Carlos de Bariloche

1958: Despedida de la primera promoción en la estación de trenesEl 7 de Junio próximo pasado tuvo lugar la primera colación de grados del Instituto de Física de San Carlos de Bariloche, de la Universidad de Cuyo, creado tres años antes. Trece licenciados en Física recibieron ese día su título, a los escasos veinte días de haber asistido a su última clase, luego de tres años de estudios en el Instituto, al que ingresaran en el año 1955, algunos de ellos en las condiciones mínimas exigidas: segundo año aprobado de Universidad en las carreras estrechamente vinculadas a la disciplina en que se graduaron, otros con carreras avanzadas, y otros, por fin, profesionales, entre ellos un entonces Capitán del Ejército Argentino, egresado de la Escuela Superior Técnica, hoy recientemente ascendido a Mayor. El acto de colación contó con la presencia del señor Rector de la Universidad, el señor Presidente de la Comisión Nacional de Energía Atómica, organismo que subvenciona los gastos del Instituto, los integrantes de la misión de la Organización Internacional de Energía Atómica que hace poco nos visitara, presidida por el Director del Laboratorio Nacional de Argonne (USA), Dr. Norman Hilberry, y las autoridades locales. Hicieron uso de la palabra sucesivamente el señor Director del Instituto Dr. José A. Balseiro, el señor Rector Dr. Pascual A. Colavita, el licenciado Leopoldo Falicov, en nombre de los egresados, el Capitán Quihillalt Presidente de la CNEA, y el Dr. Norman Hilberry.

Debemos destacar especialmente las palabras del Dr. Colavita, que atribuyó a esta colación de grados el segundo jalón cronológico en la historia de la física de nuestro país, habiendo sido el primero la creación del Instituto de Física de La Plata por el Dr. Emil Bose, las emocionadas palabras del Capitán Quihillalt, a quien le cupo una destacada actuación en los primeros momentos del Instituto, cuando profesores y alumnos debían luchar juntos contra su propia inexperiencia, la carencia de facilidades, los rigores del clima y el aislamiento, y las del Director del Instituto, hombre clave sin cuyos desvelos esta obra no hubiera sido posible, que, dirigiéndose a los recién egresados, les indicó claramente el camino a seguir. Agreguemos además que la emoción cortó en más de una oportunidad la voz de los oradores, y muchas veces nubló los ojos de profesores y alumnos, recordando las vicisitudes vividas, los accesos sucesivos de optimismo y depresión, la duda y la esperanza, que cristalizaban por fin en ese acto, en el cual se entregaban al país trece físicos, con la satisfacción de haber recorrido el camino previsto.

Poco hay que agregar al comentario del acto en sí. Tuvo lugar un sábado, un día hermoso, no abundantes en esta época, en el local de la Biblioteca del Instituto, que es a su vez salón de actos en dos oportunidades anuales, la colación y la recepción de nuevos alumnos, y donde la noche anterior se había escuchado bajo su techo un excelente concierto de música de cámara presentada por un cuarteto de cuerdas y un piano de la Escuela de Música de la Universidad de Cuyo, especialmente enviados para esta oportunidad. La noche del sábado, después de todo la juventud impone que no todo deba ser académico, tuvo lugar un baile, que se extendió, por supuesto, hasta la madrugada del domingo, y en el cual el probervial ingenio característico de la edad ofreció por parte de los alumnos parodias amables y acertadas de los profesores dando clase con sus muletillas y ademanes, sus olvidos y distracciones y, por que no?, sus titubeos y dudas. Una nota particularmente simpática: los recién egresados hicieron al Director del Instituto dos regalos, el primero en broma, el segundo en serio, y ofrecieron a su señora un hermoso ramo de flores. Y para terminar, aunque no ya comentando el acto, el lunes siguiente el cuerpo de profesores acudió a la estación a despedir a los que se iban, dejando en Bariloche tres años de vida, de trabajo, de alegrías y angustias, y vieron, con una extraña mezcla de tristeza y satisfacción, cómo se alejaba el tren, con los ex-alumnos coreando desde la ventanilla el Gaudeamus Igitur. Así terminaba la primera etapa de la formación del Instituto.

Juan A. Mc Millan

Buenos Aires, Comisión Nacional de Energía Atómica, 1988. 44p. 30cm. (Informe CNEA, 493) Energía Nuclear; Historia ;Argentina; 621.039(091)(82) Buenos Aires 1988

INDICE
Introducción
Informe del Dr. Balseiro:
Carta al Sr. Presidente de la Nación
Informe técnico sobre las experiencias de Huemul
Información suplementaria: apreciaciones personales
Informe de la Comisión Técnica sobre las réplicas del Dr. Richter
Informe del Ing. Mario Báncora


I.  Introducción

Las páginas que siguen contienen el informe que elevara el Dr. José Antonio Balseiro al Presidente de la Nación cuando en 1952 fué llamado a integrar una comisión que inspeccionó los laboratorios de la isla Huemul. Dicha comisión estaba formada además por el Ing. Mario Báncora, el Cap. Beninson, el Ing. Otto Gamba y el Pbo. Juan Bussolini, del Observatorio de San Miguel.

Una de las condiciones bajo las cuales se realizó la inspección fué que los informes debían ser individuales. Sin duda, el aporte de Balseiro fué muy completo y técnicamente bien fundado. El desenlace de esta inspección fué la decisión del gobierno de poner fin al proyecto.

A la época de escribir el informe, Balseiro contaba treinta y dos años y había debido interrumpir, llamado por el Gobierno Nacional para la inspección a Huemul, una estadía en Inglaterra donde realizaba estudios de Física Nuclear, en su primer contacto con la comunidad científica internacional.

Creemos importante no sólo que el público conozca la solidez de los argumentos del análisis técnico, sino también que adquiera una visión más inmediata de la personalidad de este hacedor excepcional. Un joven científico desconocido tenía que informar al Presidente de la Nación que había sido engañado: su juicio personal sobre Richter es tan preciso y profundo como el informe técnico y da una imagen a la vez reveladora y fascinante sobre José A. Balseiro.


Informe del Dr. José Antonio Balseiro referente a la inspección realizada en la Isla Huemul en setiembre de 1952.

Al Exmo. (Excelentísimo) Señor Presidente de la Nación
General de Ejército D. (Don) Juan D. (Domingo) Perón.

Tengo el honor de elevar a la consideración del Exmo. señor Presidente el informe que se me ha solicitado sobre las experiencias presenciadas durante la visita realizada del 5 al 8 de setiembre del corriente año a la Planta de Energía Atómica de la Isla Huemul.

Declaro ante el Exmo. señor Presidente que los hechos señalados en este informe son exactamente los observados; que las interpretaciones y opiniones allí vertidas son expresiones fieles de mi leal saber y entender y que son expresadas después de una detenida reflexión y estudio.

Saludo al Exmo. señor Presidente con mi más alta consideración.

José A. Balseiro

Buenos Aires 15 de setiembre de 1952


Informe sobre las experiencias del Dr. R. Richter, según apreciaciones hechas por el subscripto durante la visita hecha a la planta de energía atómica de la isla Huemul, del 5 al 8 de set. de 1952

1. Acerca de los principios físicos de las experiencias del Dr. Richter

El fundamento de las experiencias del Dr. Richter son las dos conocidas reacciones nucleares

Li7 + H = 2 He4 + Q Q = 17.28 Mev
H2 + H2 = H3 + Q + n Q = 3.18 Mev

Puesto que el Dr. Richter se ha referido en general a la primera reacción tomaré a ésta, en lo que sigue, como ejemplo, en lo que se refiere a valores numéricos.

La reacción Li7 e H ha sido observada hasta un valor mínimo de unos 20 Kev de la energía cinética referida al centro de masa de estos dos núcleos. Este valor representa el límite inferior de reacción por la razón especificada al final de éste parágrafo.

Si una mezcla de Li e H se mantiene a una temperatura suficientemente alta puede originarse la reacción de algunos núcleos, si la energía cinética de algunos de éstos alcanza el valor de 20 Kev. Si éstas reacciones esporádicas son suficientemente numerosas, la temperatura de la mezcla se eleva y la reacción se acelera, llegando a un estado de equilibrio cuando se cumple

3/2 kT > 20 Kev,

k: constante de Boltzmann,
T: temperatura absoluta,

Esto da para T el valor

T > 150 x 106 °K.

Cierto es que, para iniciar tal reacción no se requiere una tan tremenda temperatura de 150 millones de grados Kelvin, pues según la ley de distribución de Maxwell-Boltzmann, a temperaturas sensiblemente menores a la mencionada, existen protones suficientemente energéticos como para iniciar la reacción. El dato mencionado por el Dr. Richter es que es suficiente que del 1% al 2% de los núcleos tengan la energía necesaria para iniciar la reacción. No obstante ésto, la temperatura necesaria para obtener este porcentaje, es, igualmente, y como se muestra a continuación, sumamente elevada.

La ley de distribución de Maxwell-Boltzmann es:

 .

N: número de núcleos presentes,
dN: número de núcleos de energía comprendida entre E y E+dE,
k: constante de Boltzmann,
T: temperatura absoluta.

El cumplimiento de esta ley exige que el sistema al cual se refiere se encuentre en equilibrio termodinámico. Este no es el caso, cuando, iniciada la reacción la temperatura comienza a aumentar. Sin embargo, cuando el número de reacciones esporádicas no es suficientemente grande, como para que la reacción de conjunto se inicie, la ley de Maxwell-Boltzmann representa una buena aproximación. En estas condiciones, interesa saber cual es la temperatura necesaria para que haya un porcentaje DN/N ~1% de núcleos con energía igual o superior a E0 = 20 Kev. Esto queda dado por

.

Poniendo y = E/kT,

,

con xi = E/kT, resulta

 .

Mediante una resolución gráfica respecto de xi, se encuentra

xi = E0/kT ~5.8, T = 40 x 106 °K.

Para que el 1% de los núcleos posean la energía suficiente para iniciar el proceso de reacción se requiere, pues, una temperatura inicial de 40 millones de grados Kelvin. Como comparación es de interés señalar que la temperatura en la zona más caliente de un arco voltaico no alcanza a 4.000 °K y que las temperaturas instantáneas más elevadas obtenidas en laboratorio por Kapitza son del orden de 100.000 °K.

El análisis expuesto muestra la imposibilidad, en el orden de los conocimientos actuales, de lograr en el laboratorio este tipo de reacciones nucleares. El Dr. Richter, sin embargo, en este punto, afirma haber descubierto un conjunto de fenómenos que invalidan razonamientos del tipo del expuesto. Asimismo, insiste que estos nuevos fenómenos por él descubiertos, constituyen el secreto básico del proceso de su reacción termonuclear.

No es posible entrever a qué clase de fenómenos puede referirse el Dr. Richter, particularmente porque su existencia no puede dejar de contradecir algunos conocimientos básicos que actualmente se poseen. En primer término, si la reacción Li e H se efectuara para energías de colisión sensiblemente inferiores a 20 Kev ello implicaría una modificación fundamental de los conocimientos que actualmente se tienen de la estructura nuclear y de la mecánica cuántica. En efecto, la energía de repulsión culombiana entre el protón y el núcleo de litio

V = Ze2/r,

Z = 3, carga del núcleo de Li,
e = 4.8x10-10 c.e.r. carga elemental,
r = 10-13 cm, distancia a la cual comienzan a actuar las fuerzas nucleares,

a distancias del orden del alcance de las fuerzas nucleares es V ~ 840 Kev. No obstante según lo mostró Gamow, y como lo ha sido corroborado por la experiencia, existe una probabilidad finita que esta barrera de potencial sea penetrada por partículas cargadas de energías sensiblemente menores al valor mencionado. Pero el valor dado de 20 Kev representa el límite inferior al cual la probabilidad de que ambos núcleos se aproximen hasta distancias del orden del alcance de las fuerzas nucleares es prácticamente nula. Otra alternativa es que, en determinadas circunstancias, la ley de distribución de Maxwell-Boltzmann no sea válida, como lo implicaría el hecho que a temperaturas del orden de las obtenidas en el laboratorio exista el porcentaje suficiente de núcleos con la energía cinética de 20 Kev necesaria para iniciar la reacción. Una excepción de este tipo implicaría que la bien fundada teoría cinética de los gases es errónea.

2. Sobre el dispositivo de contralor de la reacción

El Dr. Richter ha afirmado que el dispositivo de contralor de la reacción termonuclear se funda en la resonancia obtenida entre la frecuencia de precesión de Larmor - que se origina por la acción de un campo magnético actuando sobre el momento magnético intrínseco del núcleo de Li7 - y la de un campo magnético oscilante producido por un generador de radiofrecuencia. El dato facilitado a este respecto es que la intensidad de campo magnético constante es de 15.000 Gauss. Por otra parte el dispositivo empleado por el Dr. Richter muestra que la reacción termonuclear no se opera en el vacío sino bajo la presión atmosférica. En estas condiciones y con el valor suministrado del campo magnético, es posible mostrar que tal dispositivo de contralor, cualquiera sea su naturaleza, no puede ser realizado utilizando el efecto mencionado.

La frecuencia de precesión de Larmor está dada por

wL = m H/(h/2pi)i,

m: momento magnético del Li7,
H: intensidad del campo magnético constante,
h: constante de Planck,
i: "espin" del núcleo del Li7.

La condición necesaria para que la mencionada resonancia pueda tener lugar es que el átomo o núcleo del Li no sea perturbado por colisiones de origen térmico por los átomos o moléculas del Oxígeno y Nitrógeno del aire, durante un lapso por lo menos mayor que 1/wL. En otras palabras que, término medio, no se opere en este tiempo más de una colisión. Basta para mostrar que el número de choques es muy superior a este valor crítico, un cálculo simple que aunque aproximado, es ampliamente ilustrativo para este objeto.

El camino medio libre de una molécula está dado por

 

sigma: diámetro de la esfera de influencia molecular,
eta: número de átomos o moléculas por cm3,

A la presión de 1 atmósfera eta está dado

eta = (N T0)/(V0 T),

N = 6.6x1023 átomos (número de Avogadro),
V0= 22 cm3 (volúmen molar),
T0 = 273 °C,
T ~3.000 °C (Temp arco voltaico)

La velocidad media de átomos o moléculas es

 

m: masa de átomos o moléculas.

El número de colisiones por segundo queda dado por

 .

Aquí, con el objeto de simplificar el cálculo, puede recurrirse a aproximaciones en los datos experimentales que no influyen mayormente en el resultado a obtener.

En primer término no se dispone de un gas homogéneo, sino de una mezcla de N, O, H y Li. Suponiendo el caso extremo - y más favorable en el sentido de reducir el número de choques - es que, debido a la temperatura todas las moléculas se encuentran disociadas, se puede atribuir al valor medio m ~ 10 M, siendo M la masa del protón. Con la suposición que todas las moléculas se encuentran disociadas, puede atribuirse a sigma el valor aproximado 10-7 cm.

Con estos valores resulta

q = 3.7x1013 choques por segundo.

Por otra parte wL = g m0 H/(h/2pi)i (m/M),

m0= 9.3x10-21 ergios/Gauss (magnetón de Bohr),
g = 3.25 (momento magnético del Li),
H = 15.000 Gauss,
h/2pi = 6.6x10-27 erg/seg,
i = 3/2,
m/M = 1/1800,

se obtiene

wL~ 2 x 107 1/seg.

El número de choques sufridos por el átomo de Litio en el tiempo de una precesión completa es, pues

q/wL ~ 1.5 x 106 choques.

Las aproximaciones usadas para los valores de la masa m y de la temperatura T , afectan poco este resultado, debido a que contribuyen a q con la potencia (mT)-1/2. Aun cuando se supusiera que el valor de T es muy superior al asignado, correspondiente a la temperatura del arco voltaico no habría una modificación considerable del resultado obtenido. La aproximación que resulta suponer que todas las moléculas se encuentran disociadas, tiende a disminuir considerablemente el número de choques, pues con esta suposición disminuye sensiblemente el valor de sigma2.

El resultado obtenido es pues, que el enorme número de choques sufridos por el átomo de Li en las condiciones que se opera, imposibilita la realización de cualquier dispositivo de contralor, basado en el principio mencionado por el Dr. Richter.

Además de los fundamentos de carácter teórico mencionados, es necesario añadir que, si bien en la cámara de reacción existe un oscilador de radiofrecuencia, éste nunca ha funcionado durante la realización de las experiencias. Además, excepto del electroimán que genera el campo constante, no existe en las proximidades de la zona de reacción ningún dispositivo que pueda generar el campo magnético oscilante que permita obtener así, el efecto de resonancia con la frecuencia de precesión de Larmor, tal como ha sido señalado por el Dr. Richter.

3. Experiencias y comprobaciones realizadas

La reacción de Li e H produce dos partículas alfa con una energía media de 8.5 Mev. Como esta reacción se efectúa, según el dispositivo mostrado por el Dr. Richter, en el aire a la presión atmosférica y en la zona de ignición de un arco voltaico, las partículas alfa son rápidamente frenadas en el aire, pues su poder penetrante para esa energía es de pocos centímetros. Sería pues, muy difícil verificar que la reacción nuclear efectivamente se realiza tratando de determinar la presencia de partículas alfa. Una posibilidad de tal verificación consiste en determinar la presencia de fotones gamma blandos, originados por la radiación de frenamiento emitida por las partículas alfa al pasar en las cercanías de núcleos de H y O. El Dr. Richter cuenta para este objeto de contadores de Geiger. Estos contadores, cuando el dispositivo funciona, marcan, en efecto, una gran cantidad de impulsos. Sin embargo, en la experiencia realizada el día viernes 5 de setiembre, un contador monitor llevado por la Comisión Asesora no registró la presencia de ninguna radiación gamma.

Ante este hecho el Dr. Richter sugirió el sábado a la tarde que durante el domingo haría los preparativos para realizar el lunes a la mañana la reacción H2 + H2 + He3 + n para verificar la presencia de neutrones mediante hojuelas radioactivizables por estos neutrones. Realizada la experiencia no pudo verificarse en ninguna forma que esta reacción se hubiera realizado, ninguna de las hojuelas se activó.

Frente a este resultado le fué solicitado al Dr. Richter que repitiera la experiencia del día viernes de la reacción Li7 e H.

La Comisión Asesora había llevado elementos para realizar diversas comprobaciones. Algunas de ellas fueron realizadas previamente a la última experiencia. Se comprobó:

a) Que los contadores que el Dr. Richter dispone en la cámara de reacción, tal como están instalados, no son sensibles a la radiación gamma penetrante de una muestra patrón de Radium.

b) Solamente retirando el blindaje que los protege registraron una débil actividad frente a ésta fuente.

c) La misma fuente colocada en las proximidades de los contadores llevados por la Comisión Asesora produjo una fuerte respuesta de los mismos.

d) Que hecho funcionar el arco voltaico del dispositivo de reacción, sin producir la inyección de la sal de litio e hidrógeno, y en consecuencia no siendo posible ninguna reacción nuclear, los contadores del Dr. Richter mostraron una fuerte actividad.

e) Que funcionando el dispositivo en las condiciones en las cuales el Dr. Richter afirma se produce la reacción termonuclear la respuesta de sus contadores tuvo las mismas características que en el caso anterior.

f) Los contadores de la Comisión Asesora en los casos d) y e) mostraron una débil actividad. Esta, sin duda, no proviene de la activación de los mismos por una radiación penetrante como lo indica el hecho que funcionaron, también en el caso especificado en d).

Otras observaciones

4. El Dr. Richter mostró una instalación de producción de agua pesada a cargo del Dr. Ehrenberg. Mencionó que, aunque de apariencias modestas, se han obtenido con ella grandes resultados.

Preguntado el Dr. Ehrenberg cómo verifican el enriquecimiento sucesivo del agua común en agua pesada, respondió que no se ha realizado hasta ahora ninguna determinación de este enriquecimiento, pues no cuenta con espectrógrafos de masa y no se han ocupado de hacer determinaciones espectrográficas o de variación de densidad.

En tales condiciones no puede afirmarse que tal dispositivo efectivamente funcione como factor de enriquecimiento del agua común en agua pesada.

5. El Dr. Richter sostiene que el reactor termonuclear en funcionamiento es una poderosísima fuente de ultrasonido. Esta es la razón que dió como explicación porque las paredes de la cámara del proyectado gran reactor, cuya construcción ha sido interrumpida por filtraciones de agua, tengan un espesor de unos 60 cm. Preguntado qué mediciones se han realizado de la gama e intensidad del flujo ultrasónico, en el reactor en funcionamiento, respondió que ninguna, pues no cuentan con instrumentos de medida para ese objeto. La razón por la cual conoce la existencia de este intenso ultrasonido no es otra que los efectos fisiológicos de cansancio y neuralgias producidos por el mismo. Es evidente que sin cuidadosas mediciones del flujo ultrasónico, no puede proyectarse la cámara del gran reactor de modo que signifique un aislamiento adecuado respecto a tal ultrasonido sin que se corra el riesgo que este aislamiento resulte ineficaz o bien incurrir en un derroche de material.

Conclusiones

Resumiendo, las consideraciones teóricas hechas y los elementos de juicio obtenidos y expuestos arriba, permiten extraer las siguientes conclusiones:

a) Que en base de los conocimientos que actualmente se poseen de las reacciones nucleares y en particular de las reacciones Li7 + H1 y H2 + H2 y de la teoría cinética de los gases no es posible que tales reacciones tengan lugar en el dispositivo mostrado por el Dr. Richter. No es posible, por otra parte, entrever qué clase de fenómenos afirma haber descubierto el Dr. Richter que invaliden leyes físicas bien establecidas.

b) De lo expuesto en el parágrafo 2, se sigue que en base del principio señalado por el Dr. Richter para obtener el contralor de la reacción termonuclear, no es posible en ninguna forma obtener el efecto de resonancia que permitiría ese contralor. Esta conclusión es completamente independiente de cualquiera sea la naturaleza del dispositivo de contralor y de cómo se aplica el efecto de resonancia para obtenerlo, pues como queda allí expuesto, tal resonancia nunca puede ser lograda en las condiciones en que opera.

c) De las comprobaciones efectuadas durante el funcionamiento del reactor se sigue que no existe ningún elemento de juicio que permita afirmar que una reacción de carácter nuclear se produce realmente.

d) Los hechos señalados en los parágrafos 3), 4) y 5) muestran a mi juicio, que afirmaciones del Dr. Richter no corresponden a hechos comprobados con criterio científico.


Información suplementaria

Opiniones personales

Cumpliendo con el deseo manifestado por el Señor Ministro de Asuntos Técnicos, debo añadir al informe técnico adjunto mi opinión personal sobre los trabajos realizados y sobre la personalidad del Dr. Richter.

De acuerdo con lo expresado en el informe adjunto no me cabe ninguna duda respecto al carácter de los trabajos allí realizados. Las experiencias presenciadas no muestran en ninguna forma que se haya logrado realizar una reacción termonuclear controlada, tal como lo afirma el Dr. Richter. Todos los fenómenos que allí se observan no tienen ninguna relación con fenómenos de origen nuclear.

Es de importancia señalar también, que la forma de operar del Dr. Richter deja mucho que desear del punto de vista del método científico. En el informe adjunto se han citado algunos ejemplos que fundamentan esta opinión, que por otra parte, no son los únicos.

Mi experiencia de trato con personas de formación científica y de criterios académicos me sugiere que actitudes tomadas por el Dr. Richter están lejos de poder ser interpretadas como las divulgadas excentricidades atribuidas a los hombres de ciencia. A esto debo añadir que en conversaciones mantenidas con el Dr. Ricther sobre diversos temas de física ha mostrado, o un desconocimiento sorprendente en una persona que emprende una tarea de tal magnitud, o ideas muy personales sobre hechos y fenómenos bien fundados y conocidos.


Informe acerca de las réplicas del Dr. Richter

El Dr. Richter pretende que el informe general se basa en suposiciones equivocadas al afirmar que la reacción protón-litio no puede realizarse con energías de colisión sensiblemente inferiores a unos 20 Kev. Al hablar de una posibilidad de realización se entiende, siempre, en esta clase de procesos una razonable probabilidad estadística. Por ejemplo, existe la posibilidad de que un libro sobre una mesa salte de ella supuesto que llegue a producirse el hecho que todas las moléculas del mismo se muevan simultáneamente hacia arriba por efecto de la agitación térmica. Tal posibilidad existe, pero su probabilidad es tan pequeña que, sin restricción alguna, su producción puede calificársela de imposible.

Existe efectivamente la posibilidad que la mencionada reacción se produzca con energía tan baja como la de 8 Kev (que por cierto no es sensiblemente inferior a 20 Kev) y aún menores, pero es un despropósito pretender usar esa posibilidad, cuyo rendimiento es extremadamente pequeño, como base de un proceso físico que involucra una reacción concatenada. Pero aún así, imaginemos que la reacción puede producirse con una energía de 1 Kev. Para que el 1% de las partículas alcance una energía de este valor, se requiere una temperatura de dos millones de grados. Se ve, pues, que aún en este caso hipotético, para el cual no es posible esperar reacción alguna se requiere una temperatura tan grande, que su producción escapa a todas las posibilidades técnicas de realización. Imagínese, en consecuencia, cuáles son las posibilidades de iniciar la reacción termonuclear, contando para ello, solamente con un arco voltaico, cuya máxima temperatura, en el mejor de los casos, no alcanza a 4.000 grados!

A continuación el Dr. Richter manifiesta "No está en lo cierto el informe general, si afirma que la técnica de procesos aplicada por el Dr. Richter no tiene en cuenta la ley de distribución de velocidad de Maxwell". Ante S. E. el Señor Ministro y las comisiones de Legisladores y expertos el Dr. Richter ha manifestado claramente haber descubierto cierta clase de fenómenos que implican un tipo de distribución de velocidades desconocida, llegando, incluso, a hacer gráficos representativos de tal distribución. Mencionó también, que esta modificación la logra mediante la aplicación del efecto de precesión de Larmor. Posteriormente, en la reunión de la comisión de expertos en el Hotel Pistarini, el Dr. Richter insistió en haber obtenido este apartamiento de la ley de Maxwell, pero en esta oportunidad, afirmó que el efecto de precesión de Larmor es usado, en realidad, para obtener el contralor de la reacción termonuclear.

El Dr. Richter sostiene, ahora, en su respuesta, que la técnica del proceso aplicada muestra una degeneración interesante de la ley de distribución de Maxwell. A pesar del cambio de calificativo, tal "degeneración" no es imaginable dentro del cuadro de los conocimientos actuales, en particular el de la teoría cinética de los gases, quedando, pues, en pié, las objeciones que se han hecho a este respecto en varios de los informes individuales y en el informe general. La mención que hace de la ley de distribución de Fermi o de Maxwell para el caso de electrones en metales o los emitidos en el efecto termoiónico no tiene ninguna relación directa o analógica con la situación en cuestión.

Es de importancia señalar, por otra parte, que en su respuesta el Dr. Richter no menciona, en forma alguna, la mencionada aplicación del efecto de precesión de Larmor acerca de cuya obtención se le han señalado serias objeciones.

El Dr. Richter sugiere como única posibilidad para la realización práctica de su reactor un sistema de circulación cerrado. En el informe general se menciona que, para el caso de la reacción litio-protón, cuando la misma comienza a alcanzar el equilibrio, la temperatura en la zona de reacción debe superar los 150 millones de grados, cifra que el Dr. Richter parece aceptar. Pretender que en una zona de un recinto cerrado exista una tan tremenda temperatura y que las paredes del mismo se mantengan, digamos a 5.000° C (temperatura que no resiste ninguno de los refractarios conocidos) es simplemente absurdo. Para ver que efectivamente es así, basta tener en cuenta la ley integral de Stefan-Boltzmann,

E = s T4 ergios/cm2 seg,
s = 5.6 x 10-5 ergios/cm2 seg (grado K)4,

que da para la energía disipada por segundo y por cm2 de la superficie de la zona de reacción el fantástico valor de 3 x 1018Kw, o sea unos 4.000.000.000.000.000.000 HP por cm2 y por seg. Para disipar esta energía con un sistema de refrigeración de agua, siendo la temperatura inicial de esta 0° y al final de 100° C p.e. se requeriría hacer circular unas 10.000.000.000.000 toneladas de agua por segundo y por cada cm2 de superficie que presente la zona de reacción. Este es un volumen superior al de toda el agua contenida en el lago Nahuel Huapi!

El Dr. Richter reprocha al Cap. Beninson y al Ing. Báncora de haber confundido el circuito de rectificación con un circuito oscilante y los acusa de haber contravenido las normas de seguridad de la isla Huemul al estudiar el circuito eléctrico del reactor. En oportunidad de la conversación mantenida en el Hotel Pistarini el Ing. Báncora preguntó al Dr. Richter, en presencia del Padre Bussolini y del Dr. Balseiro y el Cap. Beninson, si el mencionado circuito constituía un secreto, a lo que él respondió que no, pero que, de todas maneras, él no se encontraba dispuesto a facilitarlo. Sobre la supuesta confusión cabe transcribir lo manifestado por el Ing. Báncora: "El dispositivo usado por el Dr. Richter es el arco cantante descubierto por Dudell hace unos 50 años. La resistencia negativa que presenta el arco le permite neutralizar la resistencia positiva de un circuito oscilante, constituido por la impedancia de ‘control’ y dos condensadores en paralelo de 1 MF cada uno, que se hallan cerca del reactor". Por otra parte, en el informe general, en parágrafo c) punto 2° ) se dice "el único generador de oscilaciones electromagnéticas existente al realizarse la experiencia es el propio arco del reactor". Se ve, pues, que en ninguna forma se ha afirmado algo que induzca al Dr. Richter a señalar que se ha cometido tal confusión.

El Dr. Richter pretende justificar el blindaje de hormigón en el arco N° 1 afirmando que se trata de una protección contra los rayos-X producidos por el Kenotrón. Estos dispositivos se construyen de modo que la intensidad de rayos-X emitidos al exterior sea la mínima posible. Si se trata de resguardarse contra estos rayos hubiera bastado un reducido blindaje de plomo. Sin embargo, el mismo Dr. Richter afirma en su réplica que ha gastado toneladas de cemento y plomo para este objeto. Por otra parte cabe mencionar la curiosa circunstancia de que el Kenotrón se encuentra situado cerca del borde del blindaje, lo que hace que éste, a pesar de sus dimensiones, sea de todas maneras, relativamente ineficiente, debido a la dispersión de los rayos-X en el mencionado borde.

Con respecto al arco en sí, no hay la menor posibilidad de generación de rayos-X por el mismo.

El Dr. Richter afirma que los expertos no tuvieron un concepto claro de las oscilaciones del plasma cuya existencia él supone en la zona de reacción. En el informe general se sostiene explícitamente que las señales recibidas por las bobinas de inducción son originadas por las oscilaciones electromagnéticas del propio arco cantante. A este respecto, el Ing Báncora ha realizado las comprobaciones experimentales pertinentes de modo que tal afirmación no es una mera suposición. Igualmente se ha comprobado la activación de los contadores Geiger por las perturbaciones que éstos sufren en las cercanías del arco voltaico.

Los expertos están de acuerdo en que no existen conexiones directas entre los dispositivos de regulación del reactor y los aparatos de contralor. Pero si se varía la intensidad luminosa de una fuente variando la intensidad de la corriente de alimentación de la misma, es obvio que una célula fotoeléctrica acusará todas las variaciones producidas a pesar de que no haya conexión eléctrica alguna entre la fuente y la célula. Trazar una curva variando constantemente, como lo hace el Dr. Richter, los parámetros de los cuales ésta depende, y esgrimir el resultado como un elemento de juicio es algo que no encuadra dentro del método científico. El Dr. Richter dice luego, que no se tuvo intención de mostrar un desplazamiento de las líneas del espectro. En esto incurre en un error de concepto, pues el efecto Doppler de temperatura, que debe ser muy visible si se toman las prevenciones necesarias para temperaturas de millones de grados, consiste en un ensanchamiento de las líneas y no en un desplazamiento de las mismas. En repetidas oportunidades el Dr. Richter ha exhibido espectogramas como prueba concluyente de haber obtenido una reacción nuclear, lo que no condice con la simple función de contralor que ahora le asigna al espectroscopio.

El Dr. Richter ha manifestado al Dr. Balseiro, en presencia del Cap. Beninson y del Ing. Báncora no haber realizado ninguna medición del flujo ultrasónico por carecer de instrumentos para este objeto, y que el gran espesor de las paredes del edificio del gran reactor proyectado eran debidas a las medidas de protección contra un flujo ultrasónico sumamente intenso. Ahora sostiene, por una parte, haber medido la gama e intensidad del ultrasonido mediante un dispositivo de células fotoeléctricas. No es posible entrever de qué manera se puede medir mediante fotocélulas la intensidad de un sonido si no se dispone de alguna fuente patrón que permita efectuar una medida relativa.

Las afirmaciones hechas por la comisión de expertos acerca del dispositivo de fabricación de agua pesada se basaron en la declaración hecha por el Dr. Ehrenberg, quién afirmó que hasta ese momento no se había efectuado ninguna determinación del enriquecimiento del agua común en agua pesada. El Dr. Richter afirma en su refutación, sin embargo, que se han efectuado determinaciones picnométricas.

Concluyendo, cabe destacar, que como es natural, los informes de los expertos fueron realizados en base de las apreciaciones personales, de las manifestaciones e informaciones facilitadas por el Dr. Richter. Del presente informe fluye que gran parte de las afirmaciones que el Dr. Richter hace en su refutación están en manifiesta contradicción con aquellas previas informaciones.

Esta comisión al considerar detenidamente las nuevas manifestaciones del Dr. Richter y en base a ellas, después de analizar las conclusiones a que llegara en sus informes anteriores, le cabe puntualizar que en ninguna forma puede modificar la opinión vertida en el informe general, a saber que:

"Los conceptos teóricos suministrados por el Dr. Richter carecen de los fundamentos necesarios para permitir se abrigue alguna esperanza de una realización existosa de sus propósitos tendientes a lograr una reacción termonuclear mantenida y controlada" y que,

"De las experiencias realizadas, la Comisión Técnica tampoco ha obtenido elementos de juicio que puedan justificar en modo alguno las afirmaciones de la magnitud de las formuladas por el Dr. Richter, tales como el haber logrado reacciones termonucleares, poder mantenerlas y controlarlas".

Buenos Aires, Octubre 16 de 1952


Informe del Ing. Mario Báncora referente a la inspección realizada en la Isla Huemul en setiembre de 1952

Informe técnico

A los efectos de presentar una información en la forma más objetiva posible, el suscripto detalla las constataciones efectuadas en orden cronológico y las reacciones que las mismas le han ido produciendo.

Al final se consignan las conclusiones generales emergentes de las mismas.

Constataciones

1°. Visita a la planta separadora de agua pesada

El Dr. Richter explica su método y aparatos para la obtención de agua pesada, cuyo fundamento parece ser la distinta distribución de velocidades moleculares entre el agua común y la pesada.

Llama poderosamente la atención el hecho de que no se haya (halla) ningún control del factor de enriquecimiento en todo el tiempo que la planta está funcionando, control que debió ser el punto de partida para la instalación, sobre todo tratándose de un sistema cuyas posibilidades de funcionar satisfactoriamente son tan problemáticas.

2°. Visita al laboratorio fotográfico

No ha sido posible observar ningún trabajo con emulsiones nucleares que se supone puede ser la tarea más importante que debe desempeñar este laboratorio en un proyecto de esta naturaleza.

3°. Visita al escritorio del Dr. Richter

En una conferencia sostenida ante S.E. (Su Excelencia) el señor Ministro de Asuntos Técnicos, los legisladores y la comisión especial, el Dr. Richter explica su método. En el mismo utiliza las reacciones proton-litio y deuterón. Ambas tienen una baja energía de excitación, pero para que den lugar a una reacción auto-sostenida son necesarias temperaturas del orden de 100,000.000 de grados Kelvin y una zona de reacción de considerable volumen.

Según el Dr. Richter ha podido superar estas dificultades mediante la modificación de la ley de Maxwell-Boltzmann que rige la distribución de energías cinéticas de traslación entre las partículas individuales de un gas que posee una cierta energía térmica total. El Dr. Richter sostiene haber obtenido en lugar de la curva clásica, representativa de esta ley, un "pico de resonancia" de tal manera que la casi totalidad de la energía entregada se comunica a relativamente pocas moléculas (del 1% al 2% según el Dr.) que de esta manera adquieren una alta energía cinética equivalente a varios millones de grados.

La posibilidad de lograr esto es la misma que la de comunicar a algunas bolillas de un bolillero una alta velocidad de agitación, sin que esta velocidad sea comunicada a las otras bolillas contra las cuales chocan constantemente.-

El Dr. Richter manifiesta obtener la "resonancia" mediante el efecto Larmor. Este efecto es la precesión o giro que efectúan las órbitas electrónicas o el momento magnético del núcleo cuando se los somete a la influencia de un campo magnético externo, alrededor del eje N-S del mismo. Es en un todo análoga a la precesión que efectúa el plano ecuatorial de un trompo alrededor de la vertical del lugar.-

En un gas sometido a violenta agitación térmica y a presión atmosférica, la orientación de sus átomos y su sistema electrónico cambia constante y desordenadamente. En estas condiciones únicamente puede cumplirse una ley estadística y no una ley selectiva como la que se requiere para que exista resonancia. Además la resonancia requiere la presencia de un campo magnético variable. El aparato del Dr. Richter emplea un campo constante. El único campo variable puede provenir de las oscilaciones electromagnéticas engendradas por el arco - como se indica más adelante - pero estas oscilaciones son sumamente inestables y acompañadas de un gran número de armónicas, por lo cual tampoco están presentes las condiciones de resonancia.-

4°. Visita al laboratorio

El Dr. Richter muestra en primer lugar una gran impedancia cuyo objeto, dice, es controlar el reactor evitando su explosión. Luego nos conduce hasta un dispositivo constituido por dos electrodos de carbón separados de unos 15 centímetros y rodeados de un pesado blindaje de plomo y hormigón. Entre ambos electrodos se hacen saltar varias chispas que producen intensas detonaciones. Como elemento desusado plantea el hecho que los carbones se enrojezcan en las partes medias y no en las puntas. El suscripto en presencia del señor Ministro de Asuntos Técnicos explica el circuito. Se trata sencillamente de un transformador de alto voltaje cuya corriente rectificada mediante un kenotrón, carga una batería de condensadores. Cuando el voltaje de los mismos llega al de ionización del aire correspondiente a la distancia entre puntas, se produce la descarga. El enrojecimiento de los carbones en su parte media, se debe a que esta descarga es oscilatoria, y la impedancia que ofrecen los carbones hace que se enrojezcan como cualquier resistencia por la cual circula una alta intensidad.

El Dr. Richter admite que la explicación es correcta, e informa que se trata de un dispositivo para efectuar experimentos relacionados con su reactor. Justifica el blindaje diciendo que es para protegerse de los rayos X, generados por la descarga. Dado que se trabaja a presión atmosférica, la posibilidad de producir rayos X es completamente remota.

Se pasa luego al reactor propiamente dicho que consiste en dos electrodos de carbón colocados entre las piezas polares de un electro-imán. Las piezas polares se hallan perforadas y por una de ellas se inyecta hidruro de litio mediante hidrógeno a presión. Existe un tablero de control desde el cual se regulan las corrientes del arco y la del electro-imán. Como elementos de control, existen los siguientes:

a) dos bobinas cruzadas para registrar la componente horizontal y vertical del campo magnético alrededor del reactor. Estas bobinas están conectadas a sendos oscilógrafos Tectronic;

b) dos células fotoeléctricas, una de las cuales tiene un filtro rojo y que se hallan conectadas a los amplificadores vertical y horizontal de un Varyplotter;

c) dos Geigers conectados, uno a un escalímetro decimal y otro a un integrador de impulsos que a su vez regula el desplazamiento vertical de un Speedomax;

d) una célula fotoeléctrica con filtro rojo que regula el desplazamiento horizontal del mismo;

e) un espectroscopio que toma el espectro producido por el arco y los gases incandescentes que lo rodean. Un ayudante aprieta un timbre que enciende una luz roja en el tablero cada vez que aparece un espectro de rayas.

Efectuada la experiencia el Dr. Richter muestra como pruebas de una reacción atómica los siguientes elementos: 1° : en determinado momento aparecen en los oscilógrafos Tec-Tronix, una serie de oscilaciones que según el Dr. Richter son producidas por el "plasma" de electrones y átomos en estado de alta agitación térmica; 2° : el escalímetro empieza a registrar un gran número de impulsos apenas se enciende el arco. Este número se incrementa al inyectar el litio con el hidrógeno. 3° : en el Speedomax se registra un incremento casi vertical en el registro controlado por el integrador, lo que está de acuerdo con el gran número de impulsos en el escalímetro. El Dr. Richter, atribuye este incremento al haber obtenido una excitación de alta energía que se traduce en una emisión de rayos ultravioleta, X y gammas. Sobre esta experiencia se dan plenos detalles más adelante.

5°. Reunión en el Hotel Pistarini

El Dr. Richter insiste en sus argumentos sobre el no cumplimiento de la distribución de Maxwell y el pico de resonancia obtenido por efecto Larmor. Ante las objeciones formuladas se escuda en el secreto. Presenta entonces la siguiente proposición: durante el día siguiente - domingo - va a preparar su reactor para trabajar con agua pesada a fin de producir neutrones. Con ellos producirá la activación de varias láminas metálicas. Advierte que es la primera vez que realizará esta experiencia por lo cual debe construir un pulverizador para el agua pesada. Se acepta que si produce neutrones, efectivamente habrá logrado una reacción nuclear. Resulta sin embargo extraordinario que luego de varios años de experimentación, y ante una comisión que viene a verificar el resultado de los trabajos, decida ofrecer como prueba el hipotético resultado de una experiencia que jamás ha realizado y que debe montar en el plazo de un día.- Posteriormente se realiza una conversación sobre temas generales de física durante la cual el Dr. Richter manifiesta ideas muy personales acerca de física moderna.

6°. Nueva visita a la Isla

El Dr. Richter realiza el experimento propuesto empleando agua pesada de procedencia norteamericana (indicio de la inoperancia de su propia instalación). La experiencia, realizada en condiciones de riguroso control con los monitores de la Comisión, da resultados negativos.

Ante esta situación el suscripto solicita la repetición de la experiencia anterior con el hidrógeno y el hidruro de litio. En el ínterin aprovecha para comprobar la respuesta de los aparatos y sacar el circuito eléctrico del reactor.

Estos elementos de juicio unidos a los ya expuestos le permiten llegar a las siguientes conclusiones:

Conclusiones

El dispositivo usado por el Dr. Richter, es el arco cantante descubierto por Dudell hace unos 50 años. La resistencia negativa que presenta el arco, le permite neutralizar la resistencia positiva de un circuito oscilante, constituido por la impedancia de "control" y dos condensadores en paralelo de un micro faradio cada uno, que se hallan cerca del reactor. Esto da lugar a una serie de oscilaciones sostenidas cuya frecuencia depende de la propia del circuito resonante. Estas oscilaciones pueden ser de suficiente baja frecuencia como para ser audibles, (de ahí lo del arco cantante) o ser supersónicas (origen de los ultrasonidos que manifiesta tener el Dr. Richter). Adicionando un campo magnético, e insuflando un gas que enfríe el arco, por ejemplo hidrógeno, se logra elevar considerablemente la frecuencia posible, llegándose a unos 300.000 c/s. Exactamente por este medio logró Poulsen en los comienzos de la radiotelefonía comunicaciones inalámbricas a más de 500 kms de distancia.

Estos arcos emiten una luz de alta frecuencia que origina una gran cantidad de radiaciones en el espectro ultravioleta, y ondas sonoras centimétricas las cuales sincronizadas por la intensa perturbación electromagnética producida, son particularmente efectivas en accionar los contadores Geigers.

El aumento de la respuesta obtenida al insuflar hidrógeno se debe sencillamente al aumento de frecuencia que se logra por este medio, de acuerdo con los experimentos de Poulsen.

Para estar absolutamente seguro de esta afirmación el suscripto ha repetido las experiencias en su propio laboratorio, obteniendo los mismos resultados, vale decir: a) el mismo tipo de oscilaciones en la pantalla de un oscilógrafo conectado a una bobina exploradora; b) funcionamiento a la máxima velocidad posible de un escalímetro conectado a un geiger situado a un metro y medio de distancia del arco.

En virtud de las constataciones y consideraciones que preceden, el suscripto se considera autorizado para afirmar que no existe un fundamento científico serio en las afirmaciones del Dr. Richter de haber logrado una reacción termonuclear controlada, lamentando profundamente el haber tenido que llegar a esta conclusión.

Buenos Aires, septiembre 16 de 1952

Viernes, 02 Octubre 2009 19:08

Biografía de José Antonio Balseiro

José Antonio Balseiro nació en la ciudad de Córdoba el 29 de marzo de 1919, cuarto hijo de Antonio Balseiro, quien había emigrado de España en su adolescencia, y de Victoria Lahore, argentina de origen francés. 

En 1933 ingresa al Colegio Nacional de Monserrat dependiente de la Universidad de Córdoba, de donde egresa con el título de bachiller en 1938. 

En marzo de 1939 se inscribe en la Universidad Nacional de La Plata en la carrera del Doctorado en Ciencias Fisicomatemáticas, recibiendo de la Universidad Nacional de Córdoba una beca para cursar la carrera de física que no se dictaba en la misma. En el año 1943 la Universidad de Córdoba prorroga esta beca conforme a las informaciones suministradas por la Universidad de La Plata "donde sigue los cursos de modo brillante año por año y con las más altas notas".

En 1944 aprueba con nota Sobresaliente su tesis doctoral presentada ante la Universidad de La Plata dirigida por el Prof. Ramón Loyarte con el asesoramiento del Prof. Héctor Isnardi.

También en 1944 asiste al acto de fundación de la Asociación Física Argentina de la que formó parte activa a lo largo de su vida y de la que fue elegido presidente en 1959.

Entre 1945 y 1947 trabaja en el Observatorio Astronómico de Córdoba bajo la dirección del Dr. Guido Beck en temas de fisica teórica.

Es designado profesor interino de Trabajos de Investigación en Fisica en la Universidad Nacional de La Plata, cargo al que más tarde renuncia para que pueda asumir la titularidad de la cátedra el Prof. Ricardo Gans quien está de regreso en la Argentina.

El 2 de setiembre de 1950 parte a Manchester con una beca del Consejo Británico para trabajar en la Universidad de Manchester en temas de física nuclear bajo la dirección del Prof. Leon Rosenfeld. Lo magro de la beca y la situación en la Europa de posguerra hacen que su esposa, Maria Mercedes Cueto con quien se había casado en 1948 y su pequeña hija Beatriz, nacida en 1949, deban permanecer en la Argentina.

Es requerido por el gobierno argentino en julio de 1952 para integrar la Comisión Investigadora del Proyecto Huemul y regresa a la Argentina terminando prematuramente su estadía en Manchester. Su "Informe Técnico sobre la Inspección Realizada a la Isla Huemul en San Carlos de Bariloche" es presentado al gobierno argentino en setiembre de 1952.

También en 1952 es designado Director del Instituto de Física de la Universidad de Buenos Aires y en 1954 pasa a prestar servicios a la Comisión Nacional de la Energia Atómica.

En 1954 asiste en Bariloche al Primer Curso de Verano sobre Reactores y Física Teórica dirigido por el Dr. Alberto González Domínguez y en enero de 1955 la CNEA lo designa para dirigir el segundo curso de verano sobre el mismo tema que se realiza on Bariloche conjuntamente con un curso para profesores de física auspiciado por la UNESCO.

El 22 de abril de 1955 se firma el convenio entre la CNEA y la Universidad Nacional de Cuyo creando el Instituto de Física de Bariloche y el 1° de agosto del mismo año y bajo su dirección comienzan las clases y toma a su cargo el curso de Electromagnetismo.

Balseiro muere en Bariloche el 26 de marzo de 1962, unos días antes de cumplir los 43 años y lo sobreviven su esposa y cuatro hijos, Beatriz, Carlos, Mónica y Esteban.

Dejó tras de si un ejemplo de vida regida por los más altos principios de honestidad y decencia, dedicada en buena parte al avance de la ciencia en la Argentina.

por Arturo López Dávalos y Norma Badino

(Documento histórico publicado en el año 1994)

Para ubicar históricamente el origen del Instituto Balseiro, es necesario hacer una reseña del desarrollo de la física en la Argentina. Un antecedente digno de mención es la estadía en nuestro país del físico italiano Ottaviano Fabrizio Mossotti (1791-1863). Este científico, quien años más tarde hiciera importantes contribuciones a la teoría de los medios dieléctricos, vino a la Argentina en 1827 a la edad de 36 años.

Su venida fue resultado de las gestiones llevadas adelante por Rivadavia para modernizar el sistema educativo argentino. Permaneció en el país hasta 1834 y si bien no encaró durante su estadía investigaciones originales en física, hizo importantes observaciones astronómicas que fueron publicadas en revistas europeas y que se destacaban por el valor original como observaciones del cielo austral. Mossotti fue profesor en el Colegio de Ciencias Morales, contándose entre sus alumnos: Antonio Aberastain, quien luego fue gobernador de San Juan, Indalecio Cortínez, médico; Saturnino Salas, luego catedrático de física matemática; Juan Bautista Alberdi, Marcos M. Avellaneda, Marcos Paz Vicepresidente de la República con Mitre; Carlos Tejedor, Vicente Fidel López, historiador y "hermano del Himno Nacional"; José Mármol, Miguel Cané padre, Esteban Echeverria y Juan M. Sánchez y Thompson entre otros. A pesar de que ninguno de estos discípulos se dedicó a la ciencia, seguramente Mossotti influyó en ellos por su enfoque de la enseñanza que se originaba en su vocación de investigador.

Otro antecedente importante por la influencia que tuvo en el desarrollo posterior de la física en la Argentina es la creación, en 1871, del Observatorio Astronómico de Córdoba por el Presidente Sarmiento, cuyo primer director fue el astrónomo norteamericano Benjamin Athrop Gould (1824-1896), quien ya era reconocido en el ambiente científico de su país.

La Universidad Nacional de la Plata fue creada en 1884 como una universidad de orientación científica. Su primer Presidente Joaquín V. González se ocupó de organizarla sobre bases sólidas y es de destacarse la creación en 1906, del Instituto de Física dirigido desde 1909 hasta su muerte en 1911, a la edad de 37 años, por el profesor alemán Emil Bose. Su presencia en la Argentina respondía a la política de irradiación cultural iniciada en esos años por Alemania y que trajo al país a otros destacados científicos. Bose había estudiado en Gotinga donde también había sido asistente de Walther Nernst, conocido investigador en el área de la termodinámica. Por eso años se organizaron por primera vez en el país estudios formales en ciencias físicas y el laboratorio de La Plata contaba con moderno equipamiento que Bose ayudó personalmente a instalar. La corta dirección de Bose marcó profundamente al Instituto de La Plata pues consiguió transmitir a los estudiantes el entusiasmo y el amor por el trabajo en el laboratorio.

Por gestión de Bose, la Universidad había contratado al científico alemán, el profesor Richard Gans. Gans fue Director del Instituto a partir de 1912. Con respecto a la actividad de Gans es interesante citar las palabras de Enrique Gaviola: "...El curso de Gans del año 1917 me impresionó en tal forma que al año siguiente, en colaboración con mi condiscípulo Luis Villegas (también mendocino) comenzamos a redactar los apuntes de clase...". "Es lástima que no hayamos hecho lo mismo con el curso de 1917, mi única disculpa es que yo tenía 16 años..."

"Al final de 1918 hablé con Gans, le mostré los apuntes redactados... y le dije que yo quería estudiar física y no Ingeniería. Me respondió que si quería estudiar física de veras, no podía hacerlo en la Argentina; que tenía que irme al extranjero, preferiblemente a Alemania"."...Estuve tres semestres en Gotinga. Asistí entre otros a los cursos de Richard Pohl, de James Franck y de Max Born. Pude comparar la calidad de las clases de Gans con las de Pohl: Gans tenía la larga mesa de demostraciones llena de aparatos, pero las experiencias dejaban harto tiempo libre para explicar en la pizarra su significado y su trascendencia. Los experimentos no aparecían como cosa de circo o de magia, sino como el comienzo o el remate de una hipótesis o de una teoría. Ello no era casual, en Gans había un equilibrio poco común entre el teórico y el experimentador, era un maestro en ambos campos...".

La estadía de Bose y de Gans en la Argentina dió como fruto físicos que luego tuvieron amplia influencia como Ramón G. Loyarte, los hermanos Isnardi, Teófilo y Héctor, Enrique Loedel Palumbo, Hilarrio Magliano y el mismo Gaviola.

Como consecuencia de los contactos con Alemania, el Instituto de Física de La Plata recibió en 1914 una corta pero fructífera visita de Nernst ya reconocido internacionalmente por su formulación del tercer principio de la termodinámica quien dictó un ciclo de conferencias sobre los problemas modernos en su especialidad. Esta visita tuvo tal repercusión que se fletó un tren especial desde Buenos Aires para facilitar la asistencia En las palabras de Loyarte: "...una distinguida concurrencia oyó las clases del eminente maestro, las que versaron sobre algunas aplicaciones especiales de los dos principios, resumidos en la ecuación de Gibbs-Helmholtz. Nernst hizo una crítica profunda del erróneo principio de Thompson, se ocupó del nuevo teorema establecido por él, relativo al valor de la entropía en el cero absoluto y del cálculo de la afinidad química..."

Loyarte sucedió a Gans en la dirección del Instituto de La Plata y su personalidad dominó la actividad del mismo durante muchos años poniendo énfasis en el desarrollo de la labor experimental en particular en espectroscopía óptica, atómica y molecular. Entre 1912 y 1944 habían egresado de la Universidad de La Plata 15 físicos. La mayoría de ellos debía compartir la labor de investigación con tareas docentes en la misma universidad, en la Facultad de Ciencias de Buenos Aires, en los Institutos Militares y en los Colegios Secundarios.

En la Facultad de Ciencias Exactas Físicas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires, también conocida como Facultad de Ingeniería, se creó en 1926 la carrera de licenciatura y doctorado en ciencias físico-matemáticas, con las orientaciones física y matemáticas. Inicialmente estas carreras sólo contaron con alumnos interesados en la orientación matemática, debido sobre todo al prestigio de Julio Rey Pastor que dictaba los cursos correspondientes desde 1921. A partir de 1917, fue contratado Teófilo Isnardi con la idea que pudiera iniciar una escuela de física. Sin embargo, él mismo no se mostraba muy entusiasmado con que se estableciera dicha carrera y su gestión se limitó durante mucho tiempo, al dictado de cursos de física general, cosa que también hacía en Río Santiago y La Plata . A pesar de su desinterés en impulsar una escuela en Buenos Aires, debe reconocerse a Teófilo Isnardi el mérito de haber mantenido una enseñanza actualizada y de alto nivel, salvo en lo que respecta a la incorporación de la mecánica cuántica en sus cursos.

Durante 1930 estuvo en Buenos Aires Enrique Gaviola, quien dictó el curso de física matemática y organizó seminarios a los que Isnardi raramente asistía. Gaviola dictó cursos de electromagnetismo, termodinámica de la radiación, teoría cinética y teoría cuántica. Poco tiempo después se alejó de la Universidad, frustrado por las dificultades para implementar sus ideas sobre la enseñanza de la física y la formación de investigadores. De esta manera la Universidad de Buenos Aires siguió formando sólo matemáticos hasta la década del 40.

Gaviola había estudiado en Alemania, en Gotinga y en Berlín. Había sido alumno de Emmy Noether, Max Planck, Max von Laue, Issai Schur, Richard Becker, Peter Pringsheim, Lise Meitner, Walther Nernst y Albert Einstein, además de los ya nombrados más arriba. Trabajó con Pringsheim sobre propiedades ópticas de substancias fluorescentes, en particular estudiando los tiempos de transición. Continuó en esta línea en 1928 en la Johns Hopkins University de Baltimore. Más tarde trabajó en la Carnegie Institution en Washington y se desempeñó en Caltech por dos años, donde comenzó su trabajo en instrumentación óptica con John Strong. Sus primeros trabajos sobre fluorescencia y tiempos de decaimiento de estados excitados del mercurio fueron usados como una valiosa prueba experimental para la fundamentación de la teoría cuántica. Aún mucho tiempo después se encuentran referencias a esos trabajos por parte de autores preocupados por la teoría del decaimiento atómico.

En 1937 Gaviola se incorporó al Observatorio Astronómico de Córdoba encarando importantes labores para mejorar la instrumentación y dando inicio a su actividad como astrónomo y en 1940 asumió la dirección del mismo. Ganó reconocimiento internacional por sus contribuciones al diseño y construcción de instrumentos ópticos, actuando como consultor en la construcción del espejo de 2.5 m de diámetro para el Observatorio de Mount Wilson y del de 5 m (Gran Reflector) de Mount Palomar.

En 1943 concretó la incorporación del profesor Guido Beck a Córdoba. Esto marcó un hito en la historia de la física en la Argentina. Beck se consideraba ciudadano austríaco, ya que había nacido en 1903 en Liberec, que en ese entonces formaba parte del imperio austro-húngaro. Había estudiado física en Viena entre 1921 y 1925 y su trabajo de tesis fue dirigido por el Prof. Hans Thirring. Entre 1928 y 1930 fue asistente de Heisenberg, en Leipzig, y allí compartió ese cargo con Félix Bloch. Esa fue la época de oro de la física teórica europea en los años de la formulación de la mecánica cuántica. El Instituto de Leipzig era visitado por físicos de la talla de Peter Debye, Edward Teller, Rudolf Peierls y Lev Landau entre otros y que años más tarde ganaron una bien merecida reputación por sus trabajos.

Beck había trabajado en relatividad general, fue pionero en la formulación del modelo de capas del núcleo atómico y estaba preocupado por la respuesta que la electrodinámica cuántica daba sobre la estructura del electrón y los procesos de emisión atómica. Había participado muchas veces de las reuniones organizadas por Niels Bohr en Copenhague y era ciertamente un físico reconocido. Cuando Gaviola lo trajo al Observatorio en 1943, Beck venía de la Universidad de Coimbra en Portugal donde había llegado después de estar internado en un campo de concentración cerca de Grenoble.

Su influencia se hizo notar enseguida, no sólo en el Observatorio, sino también en el resto del país. En la lista de actividades del Observatorio de aquel del año 1943 ya figuran tres trabajos suyos, además de una conferencia sobre partículas elementales en la Universidad de Tucumán y cuatro conferencias en la Universidad de Buenos Aires, sobre trabajos recientes de la aplicación de la mecánica cuántica a la electrodinámica. Beck alentó a los físicos jóvenes y a los estudiantes de Buenos Aires y La Plata, donde su número era mayor, a reunirse en seminarios para discutir problemas actuales publicados en revistas internacionales, sugiriendo a varios de ellos temas de investigación en áreas muy diversas.

Como resultado de la inyección de novedades que trajo la visita de Beck, se formaron la Agrupación de Estudiantes de Física en La Plata y el Núcleo de Estudiantes de Física en Buenos Aires. En la primera actuaban Fidel Alsina, Mario Bunge, Jacobo Goldschvarz, Ernesto Bertomeu, Mario Poggio y Mercedes Corvalán. En el Núcleo de Buenos Aires actuaban José F. Westerkamp, Estrella M. de Mathov, Adulio Cicchini, Waldemar Kowalewski y Cecilia Mossin Kotin. Estos grupos trabajaban en reuniones de seminario semanal o quincenalmente para informar y discutir problemas de física y asignar la lectura de las pocas revistas científicas a las que tenían acceso, para su comentario. También se realizaban reuniones conjuntas con la participación de físicos y astrónomos de todo el país.

Esta actividad llevó a que en agosto de 1944 se decidiera la creación de la Asociación Física Argentina. Como dato indicativo para mostrar el atraso que tenía el país en el desarrollo de la física, vale la pena señalar que la Unión Química Argentina se había creado en 1912 y la Unión Matemática Argentina en 1936. Es interesante notar que en el acta de fundación de la AFA figuran 26 nombres, de los que solamente cuatro eran doctores en física. El acta de fundación es un modelo de concisión, ocupa una sola página, y entre otras cosas define la finalidad de la AFA como de : " reunir a todos aquellos que en la República Argentina cultivan el estudio de la física y de la astronomía y fomentar en todas las formas que estén a su alcance el adelanto de dichas ciencias". "Se resuelve (que) con el mínimo de reglamentaciones y disposiciones estatutarias se pondrá, ante todo, la mejor buena voluntad por parte de sus miembros para el logro de los fines señalados". El primer presidente fue Enrique Gaviola, y los secretarios locales fueron: en Córdoba Guido Beck, en La Plata Enrique Loedel Palumbo y en Buenos Aires Ernesto Galloni. La AFA mantuvo dos reuniones anuales en mayo y en octubre a partir de ese momento y jugó un papel muy importante en el desarrollo de la física en la Argentina.

Beck y Gaviola crearon en el Observatorio de Córdoba un ambiente de estudio y trabajo comparable a los que existían en institutos europeos. Este ambiente inauguró una nueva modalidad en la física argentina: las visitas al mismo por temporadas más o menos largas se convirtieron en una necesidad para quienes quisieran realmente trabajar en temas originales. Entre los que se acercaron, estuvieron José A. Balseiro, Damián Canals Frau, Mario Bunge, Alberto Maiztegui, Fidel Alsina y otros, como también varios jóvenes brasileños.

José Antonio Balseiro había estudiado en La Plata con una beca otorgada por la Universidad de Córdoba y que, debido a sus calificaciones sobresalientes, mantuvo hasta que se recibió en diciembre de 1944. Manuel Sadosky lo recuerda como un estudiante fuera de lo común, apasionado por su vocación, característica que ya se destacaba en él desde la escuela secundaria, que cursó en el Colegio Monserrat de la Universidad de Córdoba. En marzo de 1945 se incorporó al Observatorio con un cargo de asistente y para esa fecha ya tenía varios trabajos publicados en las revistas argentinas, algunos de ellos sobre temas experimentales. Uno de estos trabajos, que publicó juntamente con Antonio Rodríguez en la Revista de la Universidad de La Plata, sobre las propiedades ópticas del plasma sanguíneo, fue comentado en una nota bibliográfica en la prestigiosa Nature.

Bajo la dirección de Guido Beck encaró el estudio de temas avanzados de física teórica y completó varios trabajos de investigación que fueron publicados en el país y en el exterior. En 1947 volvió a La Plata donde se hizo cargo del curso de Física Experimental, posición que obtuvo por concurso. En esta etapa se destacó por su preocupación por el mejoramiento de la enseñanza y la organización de la investigación en la universidad. A pesar de su juventud, los documentos suyos de esa época son un modelo de claridad y profundidad.

Con el apoyo y los contactos que estableció para él Guido Beck, y luego de varios intentos frustrados, en 1950 Balseiro viajó a Manchester con una beca del Consejo Británico a trabajar con el Profesor Leon Rosenfeld, encarando temas de investigación de vanguardia en física nuclear y teoría de campos. En el primer caso el trabajo versó sobre la descripción de la estructura nuclear a partir de potenciales modelo y en el segundo sobre la generalización de la ecuación de Dirac, que ya había probado su eficacia en la descripción del electrón. Si bien este viaje le permitió entrar en contacto con el ambiente científico internacional, en lo personal significó un sacrificio para él y su familia ya que el monto de la beca y la situación de post guerra que se vivía en Inglaterra, le impidieron llevar consigo a su esposa e hija.

El ambiente de Manchester, estimulante en el plano científico, también le hizo vivir penurias impensables para un argentino en ese momento, viéndose obligado en más de una ocasión a canjear algunos paquetes de comida que le enviaba su familia por cupones de racionamiento para adquirir carbón a fin de combatir el duro y húmedo invierno inglés.

Mientras tanto la situación en las universidades argentinas se había deteriorado. Presiones políticas obligaron a muchos académicos a renunciar a sus cargos y otros fueron separados de los mismos cuando no adherían explícitamente al partido gobernante.

En 1948 el físico alemán Ronald Richter presentó al Presidente Perón un proyecto para desarrollar la fusión nuclear controlada, posibilidad que en ese momento no había logrado ningún laboratorio en el mundo y que aún hoy es un tema de gran interés porque implicaría contar con una fuente prácticamente inagotable de energía, que se pensaba utilizar en la transformación industrial del país. Esto entusiasmó al gobierno y Richter inició sus trabajos en el Instituto Aeronáutico de Córdoba donde por otra parte el Ing. Kurt Tank llevaba a cabo experiencias exitosas en el diseño y construcción de aviones retropropulsados.

Richter tenía una personalidad conflictiva que lo llevó a decir en su momento que las instalaciones con que contaba en Córdoba eran inadecuadas y que el éxito de su programa requería de mayor aislamiento y más estrictas medidas de seguridad. Luego de evaluar varias alternativas, a fines de 1949 y principios de 1950 se inició el montaje de los laboratorios en la Isla Huemul. En marzo de 1951 comunicó a Perón que los experimentos habían sido exitosos y el gobierno anunció: "El 16 de febrero de 1951 en la Planta Piloto de Energía Atómica en la Isla Huemul, de San Carlos de Bariloche, se llevaron a cabo reacciones termonucleares bajo condiciones de control en escala técnica".

La Comisión Nacional de Energía Atómica a cuyo frente estuvo primeramente el Coronel Enrique P. González y a partir de 1952 el Capitán de Fragata Pedro Iraolagoitia, había sido creada en mayo de 1950. Tenía entre sus objetivos brindar apoyo al proyecto Huemul, pero no se limitó a esto sino que, primero González y luego Iraolagoitia en mayor medida, consultaron a los expertos que tenían a la mano sobre la idoneidad de Richter y la veracidad de sus afirmaciones.

Es así como en septiembre de 1952 la Isla Huemul fue visitada por una comisión fiscalizadora integrada por José Antonio Balseiro, Mario Bancora, Manuel Beninson, Pedro Bussolini y Otto Gamba. Los pormenores sobre la constitución de esta comisión fiscalizadora y sus conclusiones están muy bien descriptas y documentadas en el libro "El Secreto Atómico de Huemul" de Mario Mariscotti.

Balseiro fue traído especialmente de Manchester para integrar esta comisión. Su participación en la misma fue en realidad fortuita, pero finalmente resultó una de las más relevantes. Su informe es conciso y sobrio y los argumentos dados en el mismo, asi como el detallado análisis del dispositivo experimental hecho por el Ing. Bancora, fueron decisivos cuando a los pocos meses Iraolagoitia dio por concluído el Proyecto Huemul.

Luego de esto Balseiro y Bancora quedaron vinculados a la Comisión Nacional de Energía Atómica a la que se habían incorporado otros científicos que volvían del exterior como también algunos que habían dejado la Universidad. Al concluirse el Proyecto Huemul, la CNEA ya había iniciado actividades de investigación en sus instalaciones de Buenos Aires. Así se habían comprado el sincrociclotrón y un acelerador de cascadas que dieron origen al desarrollo de la física nuclear en la Argentina. Se formó un grupo de radioquímica que bajo la dirección del Prof. Walter Seelman-Eggebert hizo aportes originales identificando diversos isótopos nuevos. Grupos de radiación cósmica que se habían iniciado en la UBA, encontraron su ámbito allí. Al poco tiempo se iniciaron actividades en metalurgia, ya que para ese entonces la Comisión de Energía Atómica había decidido que se dedicaría a desarrollar las bases necesarias para la tecnología de reactores cubriendo todas las áreas científicas conexas.

En este contexto, distintas ideas surgieron sobre el destino de las instalaciones de Bariloche. Ya en 1953 algunos de los que asesoraban a la CNEA se inclinaban por la creación de un Instituto de Física, a pesar de varias opiniones en contra de otras personalidades. La experiencia de Huemul demostró a muchos que el país tenía un gran déficit de físicos, especialidad que había probado ser importante para el avance industrial de los países desarrollados.

Era claro que si la CNEA se embarcaba en una actividad académica debía hacerlo con características distintivas a lo que ocurría en las Universidades. Para ello existía el antecedente de la intensa dedicación que Gaviola había prestado en la década del 40 a la idea de concretar una universidad privada que reuniera especialidades de física, biología y medicina. En su momento había discutido ampliamente estas ideas con el Gral. Manuel Savio, con Eduardo Braun Menéndez, con Bernardo Houssay y con muchos destacados miembros del sector industrial del país. Por distintos motivos, no siempre ajenos a su personalidad, estas ideas no habían podido concretarse.

Cuando en 1953 se evaluaba la posibilidad de un Instituto de Física en Bariloche, Balseiro y Bancora se abocaron por un lado a convencer a Iraolagoitía de la conveniencia de apoyar el proyecto y por el otro a Gaviola de que aceptara hacerse cargo de la dirección, ya que con sus antecedentes académicos, era un candidato inevitable para dirigir el Instituto. En julio de 1953, presentó un proyecto detallado en el que figuraban los nombres de tres profesores para acompañarlo, uno de los cuales era Balseiro. Se contemplaba la selección de los estudiantes a partir del primer año, los que serían elegidos mediante un riguroso examen que tuviera en cuenta no sólo sus capacidades intelectuales sino también sus condiciones psicológicas. A raíz de sus demandas de orden organizativo y presupuestario, Gaviola tuvo dificultades para lograr la aceptación de su propuesta y por setiembre de 1953, luego de una tumultuosa reunión se dieron por terminadas las conversaciones.

Además de desempeñar tareas de investigación en la CNEA, a su regreso al país Balseiro se había incorporado a la docencia en la Universidad de Buenos Aires. Según el testimonio de sus alumnos de la época, gozaba de prestigio en el ambiente académico por su labor de investigación y pronto ganó respeto también por la amplitud de criterio con que encaraba la actividad docente. En su renuncia a la cátedra de física teórica en la UBA para incorporarse a Bariloche, hace una reseña de su labor y aclara que había ingresado a la misma como profesor de Física Matemática I, prefiriendo no reintegrarse a La Plata debido a que el entonces Rector había ordenado la cesantía de Gans, regresado a la Argentina en 1947, y a quien las autoridades de la UBA habían prometido incorporar y eventualmente ponerlo al frente de la dirección del Instituto de Física de la misma.

Continúa en su renuncia: "...Como no existían otros profesores en los últimos años del doctorado en física debí encargarme del dictado ad-honorem de los cursos de mecánica y del otro curso de física teórica. Cuando se produjo la muerte del Dr. Gans debí encargarme igualmente del curso de mecánica estadística y de los cursos de seminario". "A pesar de las dificultades y trabas existentes pude organizar la cátedra de física teórica como entiendo debe serlo una cátedra de esta naturaleza indivisible respecto de la labor de investigación". Acorde con esta filosofía sus jefes de trabajos prácticos y ayudantes encararon bajo su dirección trabajos originales de investigación.

En mayo de 1954 Balseiro se hizo cargo de la dirección del Instituto de Física de la UBA y ante las dificultades para disponer de fondos para dotar dos cátedras fundamentales propuso a las autoridades de la CNEA que financiaran estos gastos. Con este esquema sugirió dos designaciones una de las cuales fue objetada por razones políticas. Desalentado por esto "...inicié gestiones de índole muy distinta para desarrollar mi labor en un ambiente donde tales cosas no puedan ocurrir."

El Instituto de Física de San Carlos de Bariloche cobró vida formalmente al firmarse el convenio entre la Comisión Nacional de Energía Atómica y la Universidad Nacional de Cuyo el 22 de abril de 1955, la primera representada por el Capitán Iraolagoitia, y la segunda por el Ingeniero Roberto V. Carretero. El 1º de agosto se iniciaron las actividades del Instituto, con Balseiro como Director. Se incorporaron quince alumnos becados seleccionados de entre los treinta y tres candidatos que se presentaron. Los cursos correspondían al primer cuatrimestre del tercer año ya que el plan de estudio contemplaba, como hasta ahora, que los cursos previos se cursaran en cualquier Universidad del país. Las materias eran: Electromagnetismo a cargo de Balseiro, Mecánica a cargo de Luis Moretti, Matemática a cargo de Manuel Balanzat, Física Experimental a cargo de Wolfgang Meckbach y Química a cargo de Mario Foglio. Los nombrados contaban con la asistencia de Alberto Maiztegui, Sulmo Mariano, José Tamagno y Tomás Buch.

Moretti era un físico italiano que se había incorporado en Córdoba al Instituto Aerotécnico y a la Universidad, Balanzat uno de los matemáticos españoles con cuyo exilio la dictadura de Franco contribuyó a la ciencia argentina y Meckbach un joven físico alemán que había hecho una corta estadía en Bahía Blanca y La Plata. Mario Foglio había iniciado su trabajo de tesis bajo la dirección de Balseiro en la Universidad de Buenos Aires.

El Instituto de Física funcionaba en el marco de la Planta Experimental de Altas Temperaturas que incluía un Departamento de Investigaciones a cuyo frente estuvo desde 1956 Manlio Abele, otro italiano que provenía de Córdoba. Los planes de investigación estaban orientados hacia la experimentación de física de plasmas, rama en la cual en esa época todavía se podían hacer aportes originales con equipo relativamente económico. A partir de 1958 Balseiro tomó a su cargo la dirección de toda la Institución que para entonces ya se denominaba Centro Atómico Bariloche.

En junio de 1958 se graduó la primera promoción de licenciados en física y en agosto de ese mismo año se presentó ante la Universidad de Cuyo la primera tesis doctoral, la de L. M. Falicov, dirigida por Balseiro. En junio de 1961 en una disertación ante la Sociedad Científica Argentina decía el Dr. Balseiro " el Instituto de Bariloche ha gozado desde hace algún tiempo de cierto prestigio nacional e internacional. Se puede asegurar que hemos sido afortunados de que nos dieran ese prestigio a crédito, en el sentido de que la labor desarrollada hasta hace poco tiempo era únicamente una labor docente, pero un instituto de esta naturaleza no se justifica solamente porque enseña; enseñar para ser físico significa enseñar a ser investigadores y no se puede enseñar a ser investigadores si no se investiga. La investigación es una disciplina que se aprende al lado de aquel que sabe hacerlo. Éramos muy conscientes cuando el Instituto de Bariloche inició sus actividades de que íbamos a tener dificultades, de que se necesitaba una programación muy cuidadosa y de qué es lo que se esperaba."

Las dos ramas fundamentales que se decidió desarrollar en Bariloche fueron la física del estado sólido y la física nuclear. Balseiro intentaba desarrollar un programa de investigación que atendiera a los intereses de la CNEA y otros intereses técnicos del país. Así se encararon programas en metalurgia de relevancia para la tecnología de reactores, y de daño por radiación. Con ese objetivo se planeó la construcción de un acelerador lineal de electrones a fin de producir daño por radiación con electrones o con radiación gamma.

Ricardo Platzeck quien había sido estrecho colaborador de Gaviola en el Observatorio de Córdoba, se incorporó al Instituto en octubre de 1955 y tenía a su cargo la responsabilidad de la construcción del acelerador. La formación experimental de los alumnos era un aspecto que se tuvo muy en cuenta desde el principio dadas las dificultades tradicionales en las universidades argentinas en este aspecto, debido a la concurrencia de factores presupuestarios y culturales, que tienden a menospreciar el trabajo manual. En 1962 el CAB-IB contaba con laboratorios de investigación en bajas temperaturas, física de metales, resonancia paramagnética electrónica y física nuclear. A la fecha, salvo la última que fue abandonada, las otras actividades se han afianzado alcanzando un nivel de reconocimiento internacional.

La tarea de Balseiro al frente del Centro Atómico y del Instituto fue pesada y cargada de dificultades. Por distintos motivos, en 1961 algunos de los profesores que lo habían acompañado en las etapas iniciales ya no estaban en Bariloche, y tuvo que tomar a su cargo junto a las tareas administrativas y de dirección, el dictado simultáneo de hasta tres cursos por cuatrimestre. Se sumaban a esto las dificultades presupuestarias, que llevaron a buscar apoyo de diversas fuentes.

Para asegurar el funcionamiento del Instituto fue fundamental el aporte de organismos internacionales como la Unión Panamericana, Unesco, OEA y OIEA, entre otros que contrataban profesores visitantes. La participación de los egresados jóvenes que comenzaron a hacerse cargo del dictado de algunos cursos permitió la continuidad que se veía amenazada por la falta de profesores más experimentados. Balseiro murió a los 42 años, en marzo de 1962 cuando empezaba a ver el fruto de su esfuerzo, lo que lo llevo a expresar en la ya citada disertación a la Sociedad Científica Argentina " valía la pena haber hecho la tentativa de Bariloche". Parte de este fruto fue el haber transmitido a sus discípulos una mística especial que los hizo luchar contra las adversidades que se fueron presentando luego de su desaparición, y que posibilitó el afianzamiento posterior de la institución.

A fines de 1962 Carlos A. Mallmann se hizo cargo de la dirección. Ese año el Instituto recibió el nombre de Instituto de Física ¨Dr. José A. Balseiro¨. En 1976 al incorporarse la carrera de Ingeniería Nuclear, el nombre pasó a ser el actual, es decir Instituto Balseiro. En 1966 Mallmann se hizo cargo de la Presidencia de la Fundación Bariloche que acababa de crearse y fue reemplazado en su cargo por Ricardo Platzeck quien permaneció hasta mayo de 1968. A partir de ese momento los sucesivos directores del CAB-IB han sido egresados del Instituto, seis en veintiséis años, probando que la idea de desarrollarlo en una ubicación geográfica alejada de los centros de poder, que lo mantuvo a salvo de los diversos avatares del país, fue acertada.

Desde 1962 hasta 1971 se fueron consolidando diversos grupos de investigación en un ambiente de amplia libertad académica y el Centro fue ganando prestigio y reconocimiento tanto por la calidad de los trabajos realizados como por el papel que desempeñaban sus egresados en el exterior. En 1972, por iniciativa de uno de los egresados, se inició el Programa de Investigación Aplicada, que significó una importante innovación en la política científica del CAB-IB. El objetivo era, sobre la base de la experiencia adquirida en la realización de investigación, encarar problemas de interés práctico, tanto de la CNEA como de la industria en general. El incremento de estas actividades llevaron en 1976 a la creación de la empresa INVAP S. E. en asociación con la Provincia de Río Negro. Esta empresa ha ejecutado diversos proyectos nucleares y ha tenido éxito en la exportación de plantas nucleares experimentales. INVAP, subproducto de la actividad del CAB-IB, participa hoy en la construcción e instrumentación de un satélite experimental argentino que será transportado en un vehículo de la NASA.

En 1977 el gobierno nacional estableció un ambicioso programa de desarrollo de la energía nuclear que preveía la instalación hasta fin de siglo de seis centrales nucleares de potencia para atender la demanda energética del país. En ese marco, la CNEA decidió iniciar en el Instituto Balseiro la carrera de ingeniería nuclear, que debería incorporar a la formación de ingenieros la experiencia adquirida en la formación de físicos. Esta ampliación de actividades contó con el apoyo del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo. Entre los aspectos salientes de la nueva carrera cabe señalar que se preveía dotar a los ingenieros de una amplia formación básica y se pensó, desde el principio en la posibilidad que accedieran al doctorado. Esto representa una novedad en la formación en ingeniería en la Argentina, dada la poca difusión que la realización de investigación y desarrollo tiene en nuestras universidades. Es así que el IB cuenta hoy entre sus egresados con un importante número de doctores en ingeniería.

Al iniciar sus actividades el Instituto en 1955, Bariloche contaba con algo más de diez mil habitantes. La vida en el Centro Atómico suplía con una intensa actividad cultural las carencias del medio. Es así que se desarrollaban actividades de teatro, corales, funcionaba un cine-club y actuaban todos los artistas de nivel que venían a Bariloche o que eran especialmente invitados por iniciativa de los profesores o del Centro de Estudiantes. A pesar de esto la limitación fijada por la ciudad-pueblo era una dificultad para atraer nuevos profesores en forma permanente, sobre todo por las circunstancias que debían superar las familias. Afrontar el invierno con sistemas de calefacción a leña, cuyo manejo no formaba parte de la cultura urbana argentina, no era un desafío fácil. Sin embargo, y gracias fundamentalmente al apoyo de la CNEA y a la confianza que el Instituto despertaba en la UNC, el CAB-IB creció a un ritmo no siempre constante, pero sin interrupciones.

Cuarenta años más tardes cuenta con cien alumnos en las dos carreras de grado, unos sesenta alumnos de postgrado, y su cuerpo docente es de unas cien personas. El CAB tiene hoy un Departamento de Investigación Básica, un Departamento de Investigación Aplicada y uno de Ingeniería Nuclear. La producción científica del centro consiste en unos doscientos trabajos por año en revistas internacionales con referato; además se ejecutan un importante número de contratos con la industria en diversos temas de desarrollo y de ingeniería no convencional. Los estudiantes colaboran en muchos de estos trabajos dado que el régimen de estudios prevé su participación a través de una materia específica. El impulso de esta sangre joven, con la experiencia de los mayores, mantiene la actividad del CAB-IB. El reconocimiento a nivel nacional e internacional es un justo tributo a la memoria de José Antonio Balseiro.


Bibliografía

 

  • Evolución de las Ciencias en la República Argentina Tomo I - Ramón Loyarte
    Sociedad Científica Argentina
    Buenos Aires, 1924 

  • Evolución de las Ciencias en la República Argentina 1923-1972 Tomo II - José F. Westerkamp
    Sociedad Científica Argentina
    Buenos Aires, 1975 

  • Octavio F. Mossotti: En el Amanecer de la Ciencia Argentina Máximo Barón 
    Ediciones Culturales Argentinas
    Buenos Aires 1981 

  • El Secreto Atómico de Huemul Crónica del Origen de la Energía Atómica en la Argentina
    Mario Mariscotti
    Sudamericana Planeta 
    Buenos Aires, 1985

  • Un Argentino Creador: Ricardo P. Platzeck, 1912-1979 Fidel A. Alsina 
    Fundación Bariloche 
    Bariloche 1988

  • Informe del Dr. José A. Balseiro referente a la inspección realizada a la isla Huemul en septiembre de 1952
    Ediciones CNEA-CNEA 493
    Buenos Aires 1988

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