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Un equipo de científicos en el que participa un docente del Instituto Balseiro desarrolló un novedoso método que permite generar nuevas formas de imágenes a partir de resonancia magnética nuclear (RMN). Así, los investigadores lograron mapear información morfológica de sistemas químicos y biológicos a una escala menor a la tradicional. El trabajo fue publicado en una de las revistas del grupo Nature, "Scientific Reports".

Fecha de publicación: 18/08/2017

La resonancia magnética nuclear es una técnica ampliamente utilizada en medicina. Permite realizar diagnósticos no invasivos de enfermedades como el cáncer o el Alzheimer. Sin embargo, no permite “observar” en escalas inferiores a las decenas o centenas de micrómetros. Un equipo de científicos de Argentina, Portugal e Israel presentó un nuevo método que sirve para complementar y mejorar las técnicas tradicionales.

“El nuevo método permite ver microestructuras en tejidos biológicos en situaciones que antes no podían ser vistas”, explicó uno de los autores del paper, el doctor en Física Gonzalo Álvarez, que es docente del Instituto Balseiro e investigador del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) en el Centro Atómico Bariloche (CAB). El trabajo fue publicado en la revista “Scientific Reports” de Nature (link al paper, aquí).

Una de las ventajas del nuevo método es que las muestras bajo estudio no deben ser rotadas, algo que implica una mayor comodidad y permitiría en el futuro utilizarlas con pacientes. Otros métodos no permiten todavía ser implementados con fines clínicos, ya que necesitan rotar al paciente o la muestra estudiada en varias direcciones espaciales para generar las imágenes.

La técnica de resonancia magnética nuclear implica el uso de imanes, que generan campos magnéticos y que permiten detectar y manipular núcleos atómicos, como los protones del agua que hay en las muestras bajo estudio. “El 70% de nuestro cuerpo está compuesto por agua, y el agua tiene protones que a su vez tienen un ‘espín nuclear’ que puede ser detectado con los equipos de RMN que hay en los hospitales”, detalló Álvarez.
“En el mundo cuántico, los espines actúan como la aguja de una brújula que se orienta con un campo magnético”, observó el científico, que realizó este trabajo con sus colegas Noam Shemesh, en Portugal, y Lucio Frydman, en Israel. Y agregó: “A los espines se los puede usar como ‘espías’ para observar dentro de los tejidos de nuestros órganos y así realizar diagnósticos médicos no invasivos”.

Álvarez, que es docente en la maestría en Física Médica del Instituto Balseiro, detalló que los espines son muy sensibles a las variaciones de los campos magnéticos. Esas variaciones dependen de la geometría y de los tamaños de las cavidades y poros de los tejidos. “Se nos ocurrió que podíamos usar esa propiedad de los espines, de alta sensibilidad a los cambios del campo magnético, para mapear la morfología de las estructuras”, explicó Álvarez. Eso, sumado a que las moléculas de agua se mueven aleatoriamente dentro de los tejidos, fue utilizado con éxito para explorar microestructuras de distintas muestras.

Álvarez regresó hace un año a Argentina para montar y llevar adelante un nuevo Laboratorio de Espectroscopia e Imágenes por Resonancia Magnética Nuclear en el Departamento de Física Médica de la Gerencia de Física de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) en el CAB. Previamente, hizo un posdoctorado premiado por la Fundación Alexander von Humboldt, en Alemania, y fue investigador sénior Marie Curie, un subsidio muy prestigioso de la comunidad europea, en el Instituto Weizmann, en Israel.

“Esperamos que esta nueva técnica para medir los tamaños y las morfologías de los poros y de las células ayuden a hacer diagnósticos médicos de enfermedades como el cáncer o el Alzheimer y a determinar la eficacia de los tratamientos médicos en vivo”, concluyó el científico.

Link al paper publicado en "Scientific reports" de Nature, aquí.

Link al blog de divulgación del Dr. Gonzalo Álvarez, aquí.

 

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San Carlos de Bariloche, 18/08/2017

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La XIX edición de la Escuela Giambiagi, realizada en la Universidad de Buenos Aires hace pocos días, reunió a especialistas que dictaron clases en el campo de la dinámica de fluidos computacional. Entre ellos estuvo el vicedirector del Área de Ingeniería del Instituto Balseiro, el Dr. Mariano Cantero.

Fecha de publicación: 16/08/2017

giambiagi2017 1Con más de 40 estudiantes, incluyendo estudiantes e investigadores de Buenos Aires, Córdoba, el Litoral y del país vecino Uruguay, se realizó la edición de 2017 de la Escuela Giambiagi. En esta oportunidad, la temática fue sobre fluidodinámica computacional y sus aplicaciones. El Instituto Balseiro estuvo representado por uno de sus vicedirectores, que es especialista en la temática.

Esta escuela fue organizada por el Departamento de Física de la Universidad de Buenos Aires (UBA), y tuvo lugar del 31 de julio al 4 de agosto en la sala de conferencias principal del Pabellón de Industrias de Ciudad Universitaria.

El plantel docente a cargo de los cursos estuvo compuesto por: Mariano Vázquez (Barcelona Supercomputing Center, Spain), Celeste Saulo (Servicio Meteorológico Nacional, Argentina), Oscar Bruno (Caltech, USA), Albert Farrés Coma (Barcelona Supercomputing Center, Spain) y Mariano Cantero (Instituto Balseiro, Argentina).

El doctor Mariano Cantero, vicedirector por el Área de Ingeniería del Instituto Balseiro dictó cuatro módulos. Los mismos fueron: Turbulencia y modelado de turbulencia; Modelado de flujos multifase; Efectos de estratificación y de rotación en fluidos; y Ejemplos de aplicaciones a la industria energética y a la geofísica.

“El foco de mis clases fue cómo modelar y simular flujos a alto número de Reynolds, que son turbulentos y presentan una alta complejidad por la diversidad de escalas temporales y espaciales que hay que tener en cuenta”, indicó el doctor Cantero. Los temas desarrollados por el docente han sido el centro de sus investigaciones y desarrollos por los últimos 17 años.

giambiagi2017 2Con respecto a las aplicaciones presentadas en las clases de Cantero, las mismas fueron sobre simulación de componentes termohidráulicos nucleares; plumas e intrusiones ambientales, como puede ser la pluma de una erupción volcánica; y transporte de sedimentos en el océano con aplicación en prospección de petróleo.

“Fue una linda experiencia. Las escuelas Giambiagi son muy reconocidas y haber sido invitado a participar en esta escuela como experto en el tema ciertamente me enorgullece”, expresó Cantero ante la consulta sobre qué balance realiza sobre su participación en esta Escuela.

Además destacó que hubo profesores de varias partes del mundo y una participación importante de muchos alumnos de posgrado de diversas áreas. “Las clases resultaron interesantes porque tuve muchas consultas de los alumnos y algunas propuestas de colaboraciones futuras”, agregó.

SOBRE LA ESCUELA GIAMBIAGI 2017

El Área de Comunicación del Departamento de Física de la UBA comunicó en su sitio web que el encuentro trató sobre “las aplicaciones prácticas de la dinámica de fluidos computacionales, con especial énfasis en aplicaciones industriales, ciencias atmosféricas y biología”.

“El crecimiento de los supercomputadoras y el desarrollo de poderosos métodos numéricos paralelos en las últimas décadas condujeron a novedosos cambios en estas áreas. Los flujos laminares y turbulentos, que son omnipresentes en la naturaleza y en los problemas industriales, ahora pueden ser modelados y estudiados en amplias escalas”, informa la noticia firmada por el comunicador Guillermo Mattei, del DF-UBA.

“Sin embargo, siguen existiendo grandes desafíos, como el modelado de la turbulencia a pequeña escala, de dominios con geometrías complejas y de flujos multi-escala y multifísica. A pesar de que surgen problemas similares en diferentes áreas de investigación, en muchos casos las soluciones se desarrollan de forma independiente con poco cruzamiento entre estas áreas”, agrega el citado artículo.

Asimismo, el DF de la UBA informó que los tres componentes de la edición de 2017 de la Escuela Giambiagi fueron: cursos introductorios que brindaron herramientas necesarias para el modelado computacional de fluidos, cursos sobre aplicaciones de dinámica de fluidos computacional, y posters presentados por los participantes.

Más información, en el artículo publicado por el DF de la UBA en este link.

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Crédito foto primer plano del Dr. Mariano Cantero: Laura García Oviedo / Prensa Instituto Balseiro.

Crédito fotos en el cuerpo de la noticia: Prensa Departamento de Física - UBA / Gentileza

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San Carlos de Bariloche, 16/08/2017

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Uno de los primeros docentes del Instituto Balseiro, Alberto Maiztegui, cuenta detalles en esta entrevista (segunda parte) sobre los primeros tiempos del entonces Instituto de Física de Bariloche. El Área de Comunicación del Instituto Balseiro publica esta nota en el marco del 62º aniversario del inicio de clases de esta institución dependiente de la CNEA y la UNCuyo.

Fecha de publicación: 01/08/2017

Tras su paso por el Instituto Balseiro, Alberto Maiztegui se mudó a Córdoba, donde fue director del entonces Instituto de Matemática, Astronomía y Física (IMAF) además de incursionar en la organización de las primeras ferias de ciencias de Argentina. Maiztegui co-organizó las primeras Olimpíadas Argentinas de Física y fue co-fundador de la Asociación de Profesores de Física de la Argentina (APFA). Fue también presidente por doce años de la Academia Nacional de Ciencias, fundada por Sarmiento en 1869, en la ciudad de Córdoba.

Si bien Alberto Maiztegui se recibió en la Universidad de Buenos Aires de Doctor en Ciencias Físico-Matemáticas en 1960, con la tesis realizada en el Instituto Balseiro y el Centro Atómico Bariloche, luego prefirió dedicarse a formar a nuevos científicos y a organizar las instituciones en las que trabajó. Como un libro abierto, relata en esta segunda parte de la entrevista realizada en Bariloche fragmentos de la historia del Instituto Balseiro y, a la par, de la física argentina, además de opinar sobre qué debería tener en cuenta un nuevo libro de física para escuelas secundarias*.

-Luego de mudarse a Córdoba, ¿volvió alguna vez como profesor invitado al Instituto?
-No, no volví como profesor invitado, salvo para hacer algunos cursos para profesores de enseñanza secundaria. Otra cosa que me satisface referir es que fui el iniciador de las ferias de ciencias en la Argentina. Y las inicié como director del IMAF en la ciudad de Córdoba. En el año ‘67 se hizo la primera feria de ciencias. Tiene una importancia muy fuerte en cuanto a la vinculación de investigadores con docentes y con estudiantes. El objetivo era que en las exposiciones que se hacían en las ferias hubiera un contacto ligero, liviano, entre investigadores y estudiantes, entre investigadores y los profesores asesores de los estudiantes. O sea una conexión de la universidad con los distintos niveles de la educación.

-¿Recuerda algún profesor o investigador que lo haya marcado cuando usted era estudiante?
-Gaviola, que fue director del Observatorio Astronómico de Córdoba. Era un hombre singular, de altísimo nivel intelectual y personal. Era un modelo de persona, con muchos defectos también, porque era humano, en particular en sus decisiones políticas. Él era muy rígido. Renunció cuando no estuvo de acuerdo con el Ministerio de Educación de la Nación y le aceptaron la renuncia, que podrían habérsela rechazado pero no comprendían entonces a un hombre como Gaviola. Él fue el que, entre sus decisiones significativas para la Argentina, decidió contratar a Guido Beck, un físico de primera línea que en el año ‘43 estaba huyendo de los nazis por ser judío. Siempre digo que Gaviola hizo una malversación de cargos porque contrató a Beck como astrofísico cuando en realidad era físico teórico.

-Gaviola contrató entonces a Guido Beck, que más tarde fue profesor en el Instituto de Física de Bariloche...
-Guido Beck fue maestro de Balseiro. Balseiro era, inicialmente, cuando se recibió en la Universidad Nacional de La Plata de Doctor en Física, un físico experimental. En su contacto con Beck, en el Observatorio de Córdoba donde se había instalado Balseiro contratado por Gaviola, la presencia de Don Guido Beck le cambió la especialidad a Balseiro y lo transformó en físico teórico. Guido Beck y Enrique Gaviola, entre otros, influyeron muchísimo en el desarrollo de la física en Argentina. Fueron de los principales responsables de la organización de la Asociación Física Argentina que se creó en La Plata en 1944.

-A usted también lo mencionan como uno de los referentes de la física argentina...
-No, no. Mis contribuciones principales fueron en la educación de la física pero no como investigador, repito, porque quiero que quede claro. Fue parte de mi vida dedicarme a la organización de la ciencia en las instituciones donde pude trabajar.

-¿Qué le diría ahora a un docente que lea esta nota? ¿Quizás alguna clave para entusiasmar a los chicos a estudiar ciencia?
-Bueno, les diría que es importante trabajar con los estudiantes de una manera ejemplar entregándoles todo lo que puede ser capaz de entregar. Y, principalmente, entregarles todo eso con amor, con amor a la docencia y con amor a la juventud.

-Cambiando de tema, ¿qué piensa sobre el informe de Balseiro con respecto al proyecto de la Isla Huemul?
-Ese informe fue la clave para dejar a un lado a Richter y sus pretendidas investigaciones. No sé si Richter era honesto o deshonesto pero estaba errado, eso sí. El informe de Balseiro fue fundamental para separarlo de los trabajos que venía haciendo en la isla Huemul

-¿Y cómo influyó lo que pasó en la isla Huemul con el nacimiento del Instituto?
-(risas) Recuerdo algo con mucha gracia. Jorge Sábato dijo una vez que habría que hacerle un monumento a Richter, en forma irónica, porque Richter eligió Bariloche como su sede de sus trabajos y eso dio origen a la creación, posteriormente, del Instituto de Física y del Centro Atómico Bariloche. Las cosas extrañas de la vida... que una cuestión tan fallida como la de Richter, una aventura tan pobre, da origen a una institución como el Balseiro y el Centro Atómico Bariloche, que realmente es de primera línea en el país y muy respetada en todo el mundo. Las incongruencias de la vida que tienen esos altibajos son realmente misteriosas.

-¿Qué puede contar de Jorge Sábato, con quien es autor del libro “Introducción a la Física”, el famoso “Maiztegui Sábato”?
-Ese libro de física es muy curioso... Calculo, así en forma global, que unos 5 millones de chicos latinoamericanos han estudiado física por nuestro libro. Y fíjese que fue una de mis obras significativas de las que estoy orgulloso. Lo digo sin pudor. Teníamos Sábato 24 años y yo 28 años de edad. Tanto Jorge como yo éramos profesores de física egresados del Instituto Nacional de Profesorado Secundario de Buenos Aires. Esa formación que nos dio aquel Instituto fue la que transmitimos en el libro. La característica fundamental del libro, aparte de que contiene buena física, fue la presentación didáctica de los temas, con sencillez, con un lenguaje limpio pero no rígido. E incluía ejemplos de la vida diaria que hizo factible acceder a los chicos a comprender los fenómenos físicos de la vida diaria como parte de un curso de física.

-¿Por qué empezaron a escribirlo?
-Esa es otra historia. La editorial Kapelusz había publicado el libro de física de los ingenieros Galloni y Fernández, que era un muy buen libro pero didácticamente, yo le diría, un poco rígido. Eso fue lo que cambiamos nosotros. Ellos tuvieron muchísimo éxito porque era un buen libro. Tanto acceso tuvo que cuando terminó el contrato de Fernández y Galloni con Kapelusz, ellos, los autores decidieron separarse de la editorial y editarlo por cuenta propia. Entonces Kapelusz se quedó sin textos de física para la enseñanza secundaria.

-¿Cómo llegaron a contactarlos a ustedes?
-Por una vinculación de la editorial con Ernesto Sábato, el escritor tío de Jorge, hizo que Kapelusz le propusiera a Ernesto que escribiera el libro. Ernesto nos presentó en Kapelusz como posibles autores a Jorge, su sobrino, y a mí, que me conocía como alumno del profesorado. Kapelusz aceptó y nos dio rienda libre.

-¿Cómo fue la experiencia de escribir el libro?
-Hicimos el libro con ideas nuestras sin recibir ninguna indicación o exigencia de la editorial. El programa que desarrollamos en el libro no tenía nada que ver, o muy poco que ver, por lo menos en el orden de los temas, con el programa oficial. Hicimos un programa nuestro. Kapelusz aceptó y el primer tomo salió en el año ’52; y el segundo tomo salió en el año ‘55. Además incluimos en nuestros libros algo que ni estaba en los programas oficiales ni en las publicaciones de otros textos: eran temas de física moderna. Esa fue también una de las novedades el libro.

-¿Le dan ganas de actualizarlo?
-Mire, déjeme decirle algo. Acá ha pasado una cosa muy importante, y ya no tengo fuerzas para encararla. Es la irrupción de la informática y la computación. Habría que revisar los textos teniendo presente que la computadora forma parte de la vida de un estudiante. Entonces hay que introducir la computación en los textos actuales. Diría que no sólo de física sino de cualquiera, hasta de historia. Ese es un trabajo mayúsculo que ya no puedo hacer. A mí me gustaría, lo he pensado pero no puedo. Ahora me digo que estoy como jubilado full time (risas).

-¿Cómo describiría a José Antonio Balseiro?
-Conozco dos facetas de Balseiro. Una, la personal y amistosa, que siempre comento que me llamaba la atención la sencillez de Balseiro en su vida personal. Era un hombre común. En cambio, profesionalmente era un adalid, sin ninguna figuración. Con una sencillez, penetraba en la gente que lo rodeaba y que trabajaba con él. Tenía la virtud que está a la vista con lo que hizo en el Instituto. Porque lo que hizo con el Instituto lo hizo merced a ese espíritu que él transmitió. Era la fuerza de esos valores que ponía: la sinceridad, la honradez, el respeto al trabajo ajeno. “El respeto al trabajo ajeno”, que si no me equivoco es una frase que figura en el discurso de Balseiro. Eso era Balseiro, un hombre simple pero fuerte.

-Leí una anécdota de la primera promoción de estudiantes que una vez estaban tan cansados que fueron a plantearle a Balseiro que no daban más y que él les dijo “bueno, mañana se van de excursión” y después ya volvieron a tomar el ritmo normal.
-Eso fue con la primera promoción, diría en el segundo mes de estar trabajando. La exigencia era muy fuerte, entonces se planteó el asunto de que había un exceso de exigencia. En el afán de formarlos y de darles lo mejor había un exceso del requerimiento de esfuerzo. Y pasó eso efectivamente: los estudiantes fueron a pasear, se declaró feriado ese día (risas). Y se cambió el plan de estudios. La idea era hacerlo en tres años y, a partir de ese momento, no recuerdo exactamente, se recibieron en tres años y medio.

-¿Recuerda alguna otra anécdota sobre Balseiro?
-Pasó una cosa muy interesante con uno de los estudiantes, Olcese, que fue a verlo un día a Balseiro y le dijo: “Esto es demasiado para mí, yo no soy capaz de seguir estos estudios”. Luego Balseiro me dice: “Che, me ha pasado esto, se va Olcese”. Pero uno de los compañeros de Olcese le robó el boleto del tren. Fue a la estación, lo devolvió y le dio la plata a Olcese (risas). Esa noche fue una algarabía con los estudiantes con las novedades. ¿Usted se da cuenta el ambiente que había? Y lo interesante es que Olcese, años después, fue director del instituto.

-Un ambiente muy familiar...
-Te cuento una más: Estábamos tomando el examen final de Laboratorio y estaba finalizando el examen de uno de los chicos. Entonces se abre la puerta y se asoma Paco (N. de la R.: Francisco de la Cruz, egresado de la cuarta promoción de Licenciados en Físicas de este instituto), en el momento en que ya estábamos despachando al que había dado el examen. Entonces lo miro al Paco y le digo: “Venga, vamos a rendir el examen”. “No, no, no” decía. Lo hicimos pasar y él se desesperaba porque estaba en pantuflas (risas)... Él venía de su habitación que estaba al lado en el otro pabellón. Sólo se había asomado a pispear qué estábamos haciendo. Le fue bien en el examen. Esto lo cuento para mostrar que la relación entre los docentes y los alumnos era tal que uno sabía perfectamente... El examen se tomaba a lo largo del cuatrimestre, al final del ciclo ya estaba tomado el examen.

-¿Mantiene la amistad con sus ex alumnos?
-Cuando nos juntamos parece que nos hubiéramos visto ayer, una cosa muy linda. Una cosa afectivamente muy fuerte. Esa es una de las cosas que yo reservo en el corazón, las relaciones personales con la familia Balseiro y con los estudiantes.

-¿Qué opina sobre estos supuestos enfrentamientos que se dice que hay a veces entre universidades nacionales y el Balseiro? ¿No habría que generar una sinergia?
-Déjelos que se peleen (risas). Hay que aportar posiciones e ideas nuevas, siempre arrastran a la oposición. Mientras sea honesta, bienvenida.

-En la actualidad el Instituto Balseiro tiene en total once carreras de física e ingeniería: cuatro de grado y siete posgrado. ¿Se imaginaba que iba a crecer tanto?
-No. Confieso que me sorprenden las dimensiones que han tomado el Centro Atómico y el Instituto. Es algo totalmente sorprendente y confortante. Con todas las dificultades que ha habido, porque la lucha es permanente por esto, por lo otro, por lo de más allá. Y el trabajo es permanente para subsistir y para avanzar. El INVAP, por ejemplo que es un desprendimiento del Balseiro. Eso se ha logrado con el esfuerzo y con la consagración a la institución.

Ir a la primera parte de la entrevista: en este link.

*Esta entrevista contó con varios pasos hasta finalmente poder ser publicada. Fue realizada en Bariloche por la Licenciada en Ciencias de la Comunicación (UBA) y periodista científica Laura García Oviedo, responsable del Área de Comunicación del Instituto Balseiro, en el verano de 2014. A principios de 2017, fue desgrabada en Mendoza por la becaria del Área, la estudiante de Comunicación Social (UNCuyo) Victoria Posada. La edición fue realizada por García Oviedo y finalmente fue publicada en ocasión de este nuevo aniversario del inicio de clases.

Hoy, 1 de agosto, se cumple el 62º aniversario del inicio de clases en el Balseiro. Para conmemorar esa fecha, el Área de Comunicación del Instituto Balseiro comparte esta entrevista a uno de sus primeros docentes: Alberto Maiztegui, un referente para adolescentes en América Latina que aprendieron física del famoso libro “Maiztegui-Sábato” como así también para generaciones de estudiantes y docentes universitarios que lo tuvieron como profesor.

Fecha de publicación: 01/08/2017

Nació el 7 de abril de 1920 en la ciudad de Gualeguay, provincia de Entre Ríos. Hijo de un tendero, Alberto Maiztegui fue el más joven de ocho hermanos, cinco varones y tres mujeres, que eligieron diferentes profesiones: medicina, abogacía, odontología y hasta música. Él, por su parte, eligió la docencia de la física. Al punto que se convirtió, a partir de un libro que co-escribió con Jorge Sábato, cuando ambos eran veintiañeros, en un referente de la enseñanza de esta ciencia.

Alberto Maiztegui es uno de los autores del popularmente llamado “Maiztegui-Sábato”, un libro que usaron diferentes generaciones de jóvenes para aprender física en la escuela secundaria. Criado en la ciudad de Buenos Aires, allí también estudió el profesorado y se recibió de Licenciado y Doctor en Física en la Universidad de Buenos Aires (UBA). De espíritu inquieto, ya casado y con familia, se mudó a Bariloche para integrar el primer plantel de docentes del Instituto de Física de Bariloche, en 1955. Luego se mudaría a Córdoba, donde desarrolló una extensa trayectoria de docencia y gestión universitaria.

En su paso por Bariloche, el Área de Comunicación del Instituto Balseiro lo entrevistó en una amena y relajada charla realizada en la Hostería Valle del Sol, en el Circuito Chico, rodeados de lagos y montañas. En esta primera parte de la entrevista*, Maiztegui revisita su paso por Bariloche, habla de su amistad con José Antonio Balseiro y recuerda los primeros tiempos de este Instituto que este año cumplió 62 años de vida.

-¿Cómo llegó al Instituto Balseiro?
-Es una historia un poco larga porque es la historia del Instituto (risas). En 1954, la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) organizó unos cursos en enero, febrero y marzo para el personal que se estaba preparando para ser reactorista o atender los reactores que no teníamos entonces. Ese curso se repitió en el ’55, al cual yo concurrí no sólo con gente de la CNEA sino con estudiantes de las universidades de Buenos Aires y La Plata. Viendo cómo se desarrollaban las actividades en forma muy favorable en cuanto a la interacción entre la gente, entre los docentes y los jóvenes estudiantes, se decidió crear el instituto de física de Bariloche.

-¿Qué opina sobre la idea de crear este instituto desde la actualidad?
-A mi juicio, desde hoy, puede uno con tranquilidad decir que fue una historia casi disparatada porque estábamos en un momento político dificilísimo. Estábamos a dos mil kilómetros de Buenos Aires, las vías de comunicación eran pobres y era un momento en que la universidad argentina se abría masivamente: sólo hacía falta inscribirse. Pues se organiza un instituto de física en esas condiciones pero para ingresar solamente quince estudiantes becados. No me diga que no era un disparate, ¿no?. Pero era un disparate hermoso y fructífero como lo estamos viendo en los días de hoy, en lo que se ha convertido el Instituto Balseiro y el Centro Atómico Bariloche.

-Entonces vino aquí en esa escuela de verano que se hizo en 1955, ¿y luego directamente decidió mudarse a Bariloche?
-Sí, era amigo y alumno de Balseiro y me incorporé al personal que iba a iniciar el Instituto de Física el 1º de agosto del ‘55. Vine como profesor adjunto e investigador de la CNEA. Ya estaba casado y tenía dos hijas. Cuando ya estábamos viviendo en Bariloche llegó la tercera hija que forma la trinidad. Hoy tengo una familia muy numerosa con once nietos y quince bisnietos. Ninguno se ha dedicado a la ciencia (risas).

-¿Lo convencieron para que viniera como profesor?
-No, yo lo convencí a Balseiro para que él me trajera como profesor. En ese momento estaba terminando la licenciatura, de hecho la finalicé en diciembre del ‘55. Vine un poco antes de terminar la licenciatura y con el título de profesor en enseñanza secundaria de física. Aquí di, como ayudante de Balseiro, las materias de laboratorio de enseñanza y electromagnetismo.

-¿Qué recuerda de esas primeras clases?
-Ahh, las primeras clases... La relación era algo muy notable, a mí me impactó muchísimo ese ambiente de convivencia dentro del Centro Atómico. Los estudiantes y los profesores vivían allí como una familia. Se formó una relación afectiva muy fuerte que conservo hasta el día de hoy. Lo habrá podido ver, mi relación con Abe Kestelmann, Arturo López Dávalos y muchos otros ex alumnos.

-¿Y qué recuerda de aquellos primeros años?
-Más adelante hubo momentos difíciles, sobre todo cuando en el año ‘62 murió Balseiro, que era el alma del instituto. Logró darle al instituto un espíritu de fortaleza que lo mantuvo a través de distintas vicisitudes. Esas dificultades se vencieron con la participación de sus primeros egresados, que contribuyeron al mantenimiento del nivel los cursos. Ha quedado el espíritu de Balseiro. Vi que tienen unas copias del discurso de Balseiro al despedir a la primera promoción que fue una obra realmente sólida, fue una transmisión de valores que le dio la fortaleza al instituto.

-¿Cómo era José Antonio Balseiro?
-Era un hombre común. Eso es muy curioso... Yo, que lo conocí como amigo, siempre digo que me admiró que como persona era un muchacho más. Balseiro era muy joven, tenía 35 años, cuando se inició el Instituto. Era un muchacho más pero tenía un espíritu con una fortaleza capaz de transmitírsela a los egresados

-¿Qué valores tenían en cuenta cuando hacían la selección de becarios?
-La primera selección fue muy curiosa. No recuerdo exactamente cuántos fueron pero calculo que alrededor de 40 o 50 chicos se presentaron como candidatos a las 15 becas. El examen se tomó con los profesores conversando con los chicos, y observando sus pensamientos, sus reacciones, sus características. Se trataba de discriminar entre ellos a aquellos que podían tener las condiciones necesarias para ser buenos científicos consagrados a la ciencia. Más adelante se tomaron exámenes de física y matemática. Pero en aquella ocasión era “semblanteándelos”, diría yo, como en el juego del póker, para indagar dentro de su naturaleza. Y tuvimos éxito porque los egresados fueron excelentes. En ese primer examen participé como testigo; nunca fui examinador.

-¿Y qué características le parece que tiene un buen científico?
-Eso es difícil. Primero, la honestidad intelectual; segundo, la consagración al trabajo, una consagración que pone al trabajo en un primer nivel dentro de otras necesidades para la vida de un hombre o de una mujer.

-Usted se dedicó más a la docencia que a la ciencia. ¿Por qué?
-Es que yo me recibí de licenciado y de doctor un poco grande. Me doctoré a los cuarenta años. A esa altura de mi vida mi participación en las actividades del Instituto era para la docencia y la organización de la institución más que para la investigación científica. Fue así como después, en Córdoba, como director del Instituto de Matemática, Astronomía y Física (N. de la R.: IMAF), la organización fue también mi principal actividad.

-Es muy importante porque es como un círculo que se retroalimenta, ¿no?
-Es cierto. Diría que a mí me faltó lo que tuvieron los chicos que ingresaron a la licenciatura jóvenes, con veinte años. Esa parte me faltó. Siempre trabajé en docencia hasta venir a Bariloche con treinta y cinco años y ahí mi participación tuvo mucho peso sobre la parte de la organización.

-¿Qué otros referentes recuerda de esa primera época del Instituto?
-Teníamos un excelente matemático y una excelente persona: Manuel Balanzat. Él fue quien inauguró los cursos el 1º de agosto del ‘55 a las 8:30. Entró al aula y así se inició el Instituto, con la clase de matemática de Balanzat. Otros eran, por ejemplo, Mcmillan como químico, Abele un excelente físico italiano que después se retiró del Instituto, lo mismo que Moretti. Y entre los docentes jóvenes, Mario Foglio, Tomás Buch...

-¿Qué sensación tenían de lo que estaban haciendo?
-No teníamos demasiada sensación. Lo estábamos haciendo con toda el alma y salió bien. No lo juzgábamos. Sí estábamos convencidos de que lo que estábamos haciendo en materia de formación de investigadores estaba bien encaminado. Y los resultados demostraron que teníamos razón: estuvimos bien encaminados.

-Usted se formó en la Universidad de Buenos Aires, donde estaba como decano Rolando García. ¿Qué dijo él cuando usted se vino para el Instituto de Física?
-Él no me conocía. Pero yo sí a él porque Rolando García también era profesor de ciencia en la Escuela Normal Mariano Costa, donde me gradué como maestro. Rolando García tuvo que sufrir la noche de los bastones largos en la cual lo castigaron. La policía entró, rompió puertas y castigó y golpeó y ensangrentó a profesores dignísimos. Una cosa inaudita, increíble, en un país civilizado. Eso fue en el ‘66, o sea casi diez años después de la creación del Instituto.

-La primera mujer egresada del Instituto Balseiro, Verónica Grunfeld, contó en alguna ocasión que Rolando García y José Antonio Balseiro no se llevaban muy bien pero que igualmente accedieron a hacer unos cursos entre estudiantes de ambas instituciones...
-Sí, no se llevaban muy bien. Yo lo diría de otra manera: no tenían los mismos criterios pero tenían los mismos valores de manera que se respetaban mutuamente. Y hubo un momento, por el año ’58, en el que hubo una devaluación brusca del peso, que pasó de algo así como 40 pesos el dólar a ochenta pesos el dólar de la noche a la mañana. Eso provocó un cimbronazo dentro del Instituto, incluso algunos profesores se fueron al exterior. Eso llevó a un intento que hizo Rolando García de llevar el Instituto de Física de Bariloche a Buenos Aires.

-¿Y qué decía Balseiro?
-Que no (risas). Recuerdo al mismo Rolando García, con Juan Roederer, un físico argentino excelente y muy buena persona también... Se hizo ese intento para reunir fuerzas. La universidad de tanto en tanto era castigada de alguna manera y se perdían instituciones, se perdían investigadores, entonces convenía tener más de un centro porque si el gobierno rompía uno quedaba otro. Total que no se realizó la unificación de Bariloche con Buenos Aires.

- ¿Hasta qué año estuvo usted en Bariloche?
-Me fui de Bariloche en junio del ‘61 ante una oferta del Instituto de Matemática, Astronomía y Física de la Universidad Nacional de Córdoba para ser profesor titular. Tenía una situación familiar que me preocupaba mucho, y era que mis hijas empezaban a ser quinceañeras y en Bariloche no había universidad. De manera que nosotros, mi mujer y yo, no queríamos enviar nuestras hijas a una pensión lejos de nosotros. Y la oferta de Córdoba me vino a mí en un momento familiarmente muy oportuno. Decidí, con mucha pena, ir a Córdoba.

-¿Qué balance hace de esa decisión?
-Considero que hice bien porque Córdoba me ofreció la oportunidad de hacer cosas, digamos así, dentro de la organización del IMAF. Tuve éxito siguiendo una idea de Balseiro que era la de formar el cuerpo docente sobre la base de los egresados propios, creándole las condiciones de trabajo, el sueldo, la estabilidad... Y dotando a la institución de instrumental y de una forma de vida para que los docentes pudieran desarrollarse como científicos. Entonces en eso tuve éxito porque me apoyaron el Consejo Superior de la Universidad Nacional de Córdoba y los sucesivos consejos en esta postura de formar el cuerpo docente fundamentalmente con los propios egresados.

-O sea que el ejemplo de Balseiro se propagó por muchos lugares...
-Eso ya lo creo. Yo lo tomé a Balseiro como un modelo de organización de pensamiento y un modelo de vida también. Es muy curioso lo de Balseiro porque fíjese la edad, tenía 35 años cuando creó el Instituto y se murió tres días antes de cumplir 43, en plena juventud, en plena potencia. Pero tuvo la capacidad espiritual de llevar adelante el proyecto, casi como un legado, y de entregárselo a su gente para formar ciencia con fuertes valores espirituales.

Ir a la segunda parte de la entrevista: en este link.

*Esta entrevista contó con varios pasos hasta finalmente poder ser publicada. Fue realizada en Bariloche por la Licenciada en Ciencias de la Comunicación (UBA) y periodista científica Laura García Oviedo, responsable del Área de Comunicación del Instituto Balseiro, en el verano de 2014. A principios de 2017, fue desgrabada en Mendoza por la becaria del Área, la estudiante de Comunicación Social (UNCuyo) Victoria Posada. La edición fue realizada por García Oviedo y finalmente fue publicada en ocasión de este nuevo aniversario del inicio de clases.

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San Carlos de Bariloche, 01/08/2017

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El doctor en Física Julián Sereni fue galardonado con el Premio “Bernard Coqblin” por sus significativas contribuciones en el estudio de la materia en su estado sólido. Sereni es egresado y docente del Instituto Balseiro (CNEA-UNCuyo) y uno de los referentes a nivel mundial de la investigación sobre un elemento llamado “cerio”.

Fecha de publicación: 28/06/2017

Julián Sereni es uno de los físicos referentes a nivel mundial de las propiedades magnéticas a bajas temperaturas de un elemento de la tabla periódica poco nombrado pero muy utilizado en la vida cotidiana: el cerio. Ese elemento es utilizado como material de base para generar la chispa en los encendedores. Y en el ámbito científico es muy valorado por sus propiedades que ayudan a comprender los comportamientos magnéticos de la materia.

El físico del Balseiro recibió el premio internacional “Bernard Coqblin” por sus aportes científicos en torno a ese material. En pocos días, viajará a Praga, en la República Checa, como invitado especial para recibir el premio y a la vez inaugurar con una charla la Conferencia internacional de “Sistemas de Electrones Fuertemente Correlacionados” (SCES, por sus siglas en inglés).

Comprender las propiedades de la materia, tanto en sus aspectos teóricos como experimentales ha llevado en el último siglo a desarrollos tecnológicos de gran impacto en la vida cotidiana. Los teléfonos celulares, las computadoras y hasta las comunicaciones satelitales son algunas consecuencias de una mayor comprensión de los fenómenos, como el magnetismo y la superconductividad, presentes en los materiales utilizados en la industria electrónica.

En ese contexto de investigación científica con foco en la física de los materiales, el científico Julián Sereni estudia el comportamiento del cerio desde su época de estudiante de licenciatura y luego de doctorado. Desde hace casi medio siglo trabaja en el Laboratorio de Bajas Temperaturas, en estrecho vínculo con el grupo de Teoría de Sólidos, del Centro Atómico Bariloche. En la actualidad es investigador de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) e investigador superior jubilado del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET). Además se ha dedicado a formar a nuevos investigadores a través de la docencia.

“Es un honor para el Instituto Balseiro que uno de sus egresados y docentes reciba este premio internacional”, destacó Carlos Balseiro, director de este instituto que depende de la CNEA y de la Universidad Nacional de Cuyo (UNCuyo). “Quiero destacar además la gran calidad humana de Julián Sereni y su gran dedicación para formar nuevos investigadores aquí en el Centro Atómico Bariloche”, agregó Balseiro.

Ahora bien, ¿qué son los “Sistemas de Electrones Fuertemente Correlacionados”?. ¿Y por qué es tan interesante estudiarlos? Julián Sereni responde que así se denomina el fenómeno en el cual lo que le ocurre a un electrón afecta a todos los electrones del sistema. “Estudiamos el magnetismo incipiente a muy bajas temperaturas o, para ser menos técnico, investigamos cómo nace el magnetismo en el cerio o en compuestos que contienen cerio”, remarcó el físico.

El comité de premiación del congreso SCES 2017 destacó en su anuncio público que Sereni fue elegido por su “contribución decisiva y duradera al establecimiento de la investigación experimental en Argentina”. Durante más de 40 años, el trabajo de Sereni se centró en dar una visión lo más general posible de la fenomenología de estos sistemas de electrones fuertemente correlacionados.

Su aporte principal fue comparar los diversos comportamientos de esos sistemas a través de dos de sus parámetros básicos: el calor específico y la entropía a bajas temperaturas. “Estudiar este tipo de fenómenos en la física es ir al corazón de la comprensión de cómo se comporta la materia y la energía”, describió una de sus colegas en el Laboratorio de Bajas Temperaturas, la doctora en Física Gladys Nieva.

Para explicar por qué ha dedicado gran parte de su vida al estudio del cerio, Sereni cita a un eminente científico estadounidense, Karl Gschneidner, quien dijo: “En su forma elemental, el cerio es el elemento más fascinante de la tabla periódica”, cita. A partir de su experiencia personal, Sereni agrega que el cerio resultó ser un intermediario inigualable para “dialogar” con la naturaleza de la materia condensada, como se denomina de forma más global al estado sólido de la materia.

“La ‘empatía’ de este elemento en compartir uno de sus electrones, el llamado ‘4f’, según los requerimientos del entorno está ligado al debilitamiento de su comportamiento magnético”, explicó el físico. Y agregó que esta propiedad transforma al cerio en “una sonda ideal para estudiar cómo nace o muere el magnetismo” en distintas aleaciones o combinaciones de elementos que lo incluyen.

“Asimismo, por el hecho de compartir su electrón '4f ' con el entorno, el cerio disminuye notablemente su volumen atómico. Esto se llama ‘colapso del volumen del cerio”, y es lo que permite formar compuestos que sus vecinos en la tabla periódica no pueden hacer”, explicó Sereni. Y agregó que un atractivo histórico del cerio y sus aleaciones es que, con el avance de las investigaciones experimentales, se fueron descubriendo nuevos fenómenos físicos que no estaban predichos por los modelos existentes.

 

Una de las muestras del elemento cerio que tiene el Dr. Sereni. Crédito LGO/Prensa IB.

Una de las muestras del elemento cerio que tiene el Dr. Sereni. Crédito LGO/Prensa IB.

“No cabe duda que este reconocimiento es una gran satisfacción para mí, no sólo por la valoración del trabajo realizado sino también porque quienes me propusieron son los que siempre me apoyaron desde el exterior para hacerlo posible”, comentó Julián Sereni ante la consulta de la valoración de esta noticia. Asimismo, destacó que no es menor el hecho de que este premio fue instituido en honor al fallecido físico Bernard Coqblin quién, además de ser un eminente científico francés, es recordado por “haber tenido siempre tiempo para los demás”.

Julián Sereni abrirá en Praga la conferencia como parte del reconocimiento ya que allí se entregará oficialmente el premio. Pero también esta invitación de dar la sesión plenaria inaugural tiene una razón histórica. En 2017 se cumplen 80 años de la primera observación del citado “colapso del volumen del cerio”, ocurrida en el estudio del compuesto CeN (Nitruro de Cerio) realizado en 1937 por el químico genovés Aldo Iandelli. Fue justamente en el grupo de Iandelli donde Sereni realizó la primera parte de su formación post-doctoral bajo la guía de Giorgio Olcese, quien lo introdujo en el fascinante mundo de los compuestos de cerio.

Sereni nació en Trieste, Italia, hace 70 años. Con su familia, desembarcó en Buenos Aires el 4 de Setiembre de 1948, justo en el 'Día del inmigrante'. “Esta fecha no fue establecida por nuestra llegada sino porque fue el día de mayor ingreso de inmigrantes a la Argentina. Obviamente, cuando tomé conciencia de mi propia existencia ya era un niño argentino más, viviendo en Buenos Aires hasta los veinte años”, rememoró el físico.

-¿Cuándo decidió mudarse a Bariloche?

-La decisión de que mi lugar en el mundo era Bariloche la tomé el 5 de Enero de 1960 cuando vi por primera vez el Lago Gutiérrez al pie del Cerro Catedral desde la Pampa de Hueneleo. Hasta el año 1967 disfruté dos meses de cada verano en un campamento con base en el Lago Mascardi, hasta que hace 50 años aprobé el examen para ingresar al Instituto de Física, hoy Instituto Balseiro.

-¿Tuvo la oportunidad de conocer su país de origen?

-Recién durante mi post-doctorado pude volver a Italia, donde permanecimos un año y medio en Génova, donde nació nuestra hija primogénita. En la ciudad de Colonia, Alemania, vivimos dos períodos de más de un año, la segunda vez bajo el auspicio de la Fundación Alexander von Humboldt, seguidos por dos décadas de fructífera colaboración con el Instituto Max-Planck de Dresden. En Viena encontré la tumba de mi abuelo materno y en Francia el afecto de muchos colegas, entre ellos el del Prof. Bernard Coqblin. La moraleja es: las fronteras son una entidad de carácter administrativo, pues los hombres son igualmente valiosos en todo el mundo.

-¿Se puede decir que usted tiene la colección más completa de cerio en Argentina?

-Lo que tenemos en el laboratorio no es exactamente una colección sino las aleaciones que hemos investigado junto a colegas de Alemania, Francia e Italia. Ciertamente, ese es el mayor conjunto de muestras en base a Cerio en el país, pero en las colaboraciones internacionales las muestras pertenecen al grupo de trabajo en su conjunto, sin que medien fronteras para la actividad científica. De más está decir que el aporte de cada uno de los investigadores tiene que ser reconocido en su debida forma.

-¿Quiere agregar algo más?

-Una propiedad no científica de esas aleaciones de Cerio, pero que merece ser mencionada, es que fue el mejor catalizador para transformar a muchísimos colegas y alumnos en amigos.

Links vinculados:

-Página profesional del Dr. Julián Sereni: http://fisica.cab.cnea.gov.ar/bt/index.php/Juli%C3%A1n_G._Sereni

-CV del Dr. Julián Sereni: http://fisica.cab.cnea.gov.ar/bt/images/9/97/CV_Sereni_March2017.pdf

-Reseña del Dr. Julián Sereni publicada en la revista CIENCIA E INVESTIGACIÓN en 2016: http://aargentinapciencias.org/2/images/RevistaResenas/R-tomo4-3/4-Sereni-ceiRes-4-3-5.pdf

-Sitio web de la Conferencia internacional de “Sistemas de Electrones Fuertemente Correlacionados” (SCES, por sus siglas en inglés): www.sces2017.org

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La carrera de Ingeniería en Telecomunicaciones del Instituto Balseiro sumó nuevos docentes e investigadores a su plantel. En esta nota, los tres profesionales cuentan por quéi decidieron mudarse a San Carlos de Bariloche para trabajar en el Balseiro, qué es lo que más les gusta de su trabajo y por qué es importante formar jóvenes profesionales en el campo de la Ingeniería en Telecomunicaciones.

Fecha de publicación: 29/05/2014

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