En una nueva entrevista de la serie “Nuevos Doctores/as del Balseiro”, el doctor en Ciencias de la Ingeniería cuenta detalles sobre la tesis que realizó en el Balseiro. En su investigación, estudió el desarrollo de circuitos fotónicos integrados en nitruro de silicio.
Fecha de publicación: 15/10/2026
Mauricio Tosi es tucumano, tiene 34 años y en abril se convirtió en un nuevo doctor en Ciencias de la Ingeniería del Instituto Balseiro. En 2012 se fue de su San Miguel natal para integrar la primera promoción de Ingeniería en Telecomunicaciones. Hizo toda la carrera académica en el Balseiro: ingeniería, maestría y doctorado. Este año logró su último objetivo.
Es parte de una familia de profesionales: dos de sus tres hermanos, Leandro y Ezequiel, son físicos egresados del Balseiro; el hermano menor, Marcelo, es abogado. Su pareja es antropóloga y científica de datos; viven juntos hace ocho años. Su papá trabaja en el Poder Legislativo de Tucumán y su mamá en un estudio contable.
Después de recibirse de ingeniero, realizó la Maestría en Ingeniería y, en 2018, con el objetivo de mudarse a Buenos Aires, se postuló a una beca A1 de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) en el Centro Atómico Constituyentes (CAC). Allí, pudo desarrollar temas vinculados a la microfabricación de dispositivos fotónicos integrados, en colaboración con el grupo de Ingeniería en Telecomunicaciones del Centro Atómico Bariloche.
En el CAC se desempeñó en el Departamento de Micro y Nanotecnología (DMNT-CNEA), donde participó de proyectos y tareas vinculadas al funcionamiento de la sala limpia. Le atraía la idea de poder fabricar en los laboratorios de la CNEA sus propios chips. Y, así, en 2021 se inscribió al doctorado y trabajó sobre su tesis “Desarrollo de circuitos fotónicos integrados en nitruro de silicio”, bajo la dirección de Pablo Costanzo Caso y codirección de Laureano Bulus. Ambos, docentes e investigadores de la carrera de Telecomunicaciones, también fueron directores de su proyecto final de grado y de su maestría.
De la misma forma en que estos circuitos permiten guiar señales de luz en pequeños componentes, Mauricio nos guía en esta entrevista por el camino recorrido hasta obtener su doctorado, intercalando cada tanto, entre parciales y laboratorios, juegos de mesa, fútbol con amigos e impresión 3D, sus pasatiempos favoritos.
-¿Podrías contar de qué se trató tu tesis? ¿Qué son los circuitos integrados fotónicos?
-Los circuitos integrados fotónicos son dispositivos que nos permiten guiar, manipular y procesar señales de luz en componentes muy pequeños (menores al tamaño de un cabello humano), de forma similar a como los chips electrónicos procesan señales eléctricas. Para fabricar este tipo de chips se pueden usar distintos materiales; los dos más populares por sus propiedades ópticas son el silicio (el segundo material más abundante en la Tierra, muy usado en microelectrónica) y, utilizado más recientemente, el nitruro de silicio.
En mi tesis trabajé en el diseño, fabricación y caracterización de este tipo de circuitos utilizando ambas plataformas, orientados principalmente a aplicaciones en telecomunicaciones. En particular, desarrollé distintos bloques funcionales –como, por ejemplo, divisores de luz, interferómetros y filtros ópticos-, que son las piezas básicas para construir sistemas más complejos, capaces de operar con señales ópticas.
-¿Tiene relación con la fibra óptica que se utiliza en redes de internet?
-Claro, como muchos saben, gran parte de la información que circula hoy en el mundo viaja en forma de luz a través de fibras ópticas que se extienden por todo el planeta. Los dispositivos fotónicos integrados permiten procesar esas señales directamente en el dominio óptico, sin necesidad de convertirlas a señales eléctricas, lo que los hace más rápidos y eficientes.
-¿Trabajaste en diseñar solo los dispositivos o también en el desarrollo de la tecnología en general?
-El trabajo no solo se enfocó en los dispositivos en sí, sino también en contribuir al desarrollo de esta tecnología a nivel local, mediante la implementación de procesos de microfabricación y caracterización de prototipos de chips fotónicos, con el objetivo de alcanzar una mayor autonomía tecnológica en la institución. Mi investigación fue fruto de la colaboración entre el Departamento de Micro y Nanotecnología del CAC y el Departamento de Ingeniería en Telecomunicaciones del CAB.
-¿Realizaste tu investigación en dos centros diferentes?
-Durante mi investigación viajé entre ambos centros para avanzar tanto en los laboratorios de sala limpia en Buenos Aires como en los procesos de caracterización y medición en Bariloche. Además, tuve la oportunidad de realizar dos estadías de investigación en el Institut National de la Recherche Scientifique (INRS) en Canadá, con el grupo del doctor José Azaña.
-Buenos Aires, Bariloche y… Canadá. ¿Viajaste con alguna beca?
-Sí, entre los años 2021 y 2023 realicé dos estadías, que sumaron en total alrededor de un año y medio. La primera fue financiada mediante una beca del Programa de Líderes Emergentes en las Américas (ELAP), junto con fondos del grupo anfitrión, y la segunda a través de la beca Mitacs Globalink. Durante estas estadías trabajé en colaboración con el grupo en el desarrollo de filtros de fase fotónicos para el procesamiento ultrarrápido de señales ópticas.
-¿Cómo fue esa experiencia?
-En lo personal, la experiencia fue muy enriquecedora: me permitió formarme en técnicas avanzadas de diseño y caracterización y también aportar desde mi trabajo en el desarrollo de estos dispositivos. Parte de ese conocimiento adquirido lo pude transferir luego a mi lugar de trabajo en Argentina, por ejemplo, en la implementación de una mesa de caracterización en los laboratorios de Bariloche.
-Y ahora que terminaste, ¿qué balance hacés del doctorado en el Balseiro?
-El balance del doctorado en el instituto es muy positivo. El IB tiene un muy buen nivel de docentes e investigadores junto a una infraestructura que me permitió desarrollar mi proyecto. Además, destaco la calidez humana y la buena relación que construimos con mi director y codirector a lo largo de todos estos años.
-¿Qué es lo que más te gustó de tu doctorado?
-En general disfruté cada etapa: los viajes, las colaboraciones con otros grupos, las presentaciones en congresos, las discusiones sobre resultados… pero diría que lo que más me gustó fue el trabajo experimental. En mi caso fue muy variado: pasé muchas horas en la sala limpia trabajando con procesos de microfabricación y, en paralelo, mucho tiempo en los laboratorios de telecomunicaciones, midiendo y caracterizando los dispositivos. Todo a la par de colegas y amigos excelentes de los que aprendí un montón.
– ¿Qué planes tenés ahora que terminaste esta etapa?
-Me interesa continuar con la línea de investigación que desarrollé durante mi doctorado. Además, me gustaría aportar desde la docencia, en la formación y la capacitación de estudiantes. También considero importante seguir fortaleciendo las colaboraciones con otros grupos, tanto a nivel nacional como internacional, para potenciar el desarrollo de esta área.
– ¿Qué es lo que te apasiona de la ingeniería?
-Desde chico me generó fascinación entender cómo funcionan las cosas. Y creo que en el fondo eso es lo que me llevó a la ingeniería y, más tarde, a la investigación: la posibilidad de hacerme preguntas difíciles y tener las herramientas para intentar responderlas.
El trabajo experimental tiene algo adictivo. Diseñás, fabricás, medís y muchas veces las cosas no salen como esperabas. Pero cuando finalmente los resultados aparecen y coinciden con lo que los modelos anticipaban, hay una satisfacción que es difícil de comparar con cualquier otra cosa. Es la validación de que entendiste algo aunque sea chiquito, sobre cómo funciona el mundo.
-Entonces desde muy pequeño supiste que esa curiosidad estaba ahí, ¿cuándo te definiste por la Ingeniería en Telecomunicaciones?
-Desde el secundario empezaron a gustarme la física y la matemática. En gran parte, ese interés estuvo muy influenciado por mis hermanos mayores, que se apasionaban por la física y la resolución de problemas para las olimpiadas nacionales. Ese ambiente me motivó mucho y fue despertando mi curiosidad.
En mis primeros años de universidad en Tucumán me decidí por Ingeniería en Computación porque lo que había empezado a aprender de programación y electrónica me resultaba muy atrapante. Más adelante, cuando me enteré de la apertura de la carrera de Ingeniería en Telecomunicaciones en el Instituto Balseiro en el 2012, mi interés fue inmediato. Conocía el prestigio del instituto y, además, era una carrera que combinaba muchas de las cosas que me interesaban.
-Tu familia tuvo mucha influencia en tu vocación
-Sí, me gustaría aprovechar para agradecer a mi pareja, mi familia y amigos. Nada de esto habría sido posible sin el apoyo y acompañamiento de todos ellos.
-¿Qué consejo te darías a vos mismo si pudieras hablar con tu versión del inicio de la carrera?
-Tendría varios consejos para darme, sobre todo en cómo administrar el tiempo y enfocar las energías en un tema más específico. Y también me recomendaría empezar el proceso de escritura mucho antes y no subestimarlo, siempre me lleva más tiempo del que imagino. Ah, y una advertencia que no vendría nada mal: «¡Ojo que en 2020 se viene una pandemia y no vas a poder entrar al laboratorio por casi un año!».
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Por Marcela Rey
Área de Comunicación Institucional del
Instituto Balseiro
San Carlos de Bariloche, 1/04/2026
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