En junio finaliza la primera etapa de la Carrera de Especialización en Aplicaciones Tecnológicas de la Energía Nuclear (CEATEN), un posgrado que comienza en el Instituto Balseiro, en Bariloche, y concluye en la UBA y en diferentes espacios de la Comisión Nacional de Energía Atómica en Buenos Aires. En esta nota, compartimos la mirada de tres estudiantes para conocer sus expectativas sobre la carrera, la realidad de la cursada y el futuro que se imaginan después de egresar.
Fecha de publicación: 23/06/2026
Dejar atrás lo conocido. Familia, amigos, trabajo… Y embarcarse en una nueva historia que no se sabe exactamente a dónde llega. Profesionales de todo el país toman esa decisión, cuando se inscriben en la carrera que los lleva a vivir medio año en Bariloche y medio año en Buenos Aires, para aprender sobre energía nuclear. Esta carrera es la Especialización en Aplicaciones Tecnológicas de la Energía Nuclear (CEATEN).
La CEATEN es una carrera de posgrado que dictan en conjunto el Instituto Balseiro, dependiente de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) y la Universidad Nacional de Cuyo (UNCUYO), y la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Buenos Aires (FIUBA). Esta Especialización, que ya tuvo sus primeras 20 promociones de egresados, brinda formación en el campo nuclear a profesionales de la ingeniería, la física, la química, la biología y áreas afines.
Los estudiantes de la CEATEN reciben becas de la CNEA, la FIUBA, Nucleoeléctrica Argentina S.A. e INVAP que cubren la matrícula y los aranceles, además de un estipendio. Desde sus inicios, en 1995, se han graduado 272 profesionales de Argentina y de otros países latinoamericanos. Su inserción laboral en el sector nuclear es superior al 80%.
Este 2026 están participando once estudiantes, con la particularidad de que, por primera vez, y por un estrecho margen, la mayoría son mujeres: 6 a 5. Vienen de diferentes partes del país, de las Universidades Nacionales de Cuyo, de Río Negro, de La Plata y de Lomas de Zamora y de la Universidad Tecnológica Nacional (sedes Villa María y Mendoza). También hay dos estudiantes del exterior, de la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas y de la Universidad de El Salvador.

En el grupo de estudiantes hay también diversidad etaria: tienen entre 23 y 34 años y han estudiado distintas carreras emparentadas con lo nuclear. Hay egresados en ingenierías Química, Electromecánica, Aeroespacial, Mecánica, en Mecatrónica y en Energía Eléctrica. También en licenciaturas en Geología, en Física y en Química y Tecnología Ambiental. Tres de ellos, Nahir Vázquez, Francisco Bernal y Victoria Mashud, cuentan detalles de la experiencia.
De las redes a la realidad
“Elegí estudiar en la CEATEN porque siempre quise venir al Instituto Balseiro. Me atrae mucho lo nuclear y creo que es un gran complemento para mi carrera de grado. Me enteré de la convocatoria por redes, siempre estoy pendiente de las redes del Instituto”, cuenta Victoria Mashud, ingeniera en Energía Eléctrica de la UNLP.
La platense de 23 años encontró lo que esperaba: “Mis primeros días en el CAB fueron como me imaginaba: increíbles. Es un lugar hermoso, lleno de verde, y tiene una biblioteca increíble que me encanta. Dimos un recorrido y quedé sorprendida de la cantidad de cosas que se investigan. Además, toda la gente que trabaja o estudia acá es muy cálida, todos me recibieron muy bien”.
Francisco Bernal tiene 34 años y es de General Alvear, Mendoza. Allí hizo el secundario en la Escuela de Agricultura de la UNCUYO. Al terminar se mudó a San Rafael para estudiar Ingeniería Química. Explica que llegó a la CEATEN luego de cursar una maestría en energía en la que le llamó la atención la materia Energía Nuclear.
“Me enteré de la especialidad porque seguía al Instagram del Instituto y me apareció la convocatoria por ahí”, cuenta. Y comparte cómo fue el comienzo de la cursada: “El primer mes de estudio en el Instituto fue un cambio muy grande; venía de estar trabajando en una empresa de producción de Bioetanol en Villa Mercedes, San Luis, por lo que volver a sentarme a tiempo completo a estudiar fue muy intenso. El nivel de exigencia es muy alto, no solo en cuanto al nivel de contenidos sino también a la cantidad de tiempo que hay que dedicarle para cumplir”.
Por su parte, Nahir Vázquez es de Monte Grande, sur del Gran Buenos Aires. Es ingeniera mecatrónica de la UNLZ y tiene 23 años. Sobre sus primeros días cuenta que no fueron fáciles y que entró con un poco de miedo. “El Centro Atómico es imponente y llegar al lugar donde vas a vivir todo un semestre con gente que no conocés da respeto”, dice. Pero se alegra al señalar que su grupo congenió muy bien.
“No sé, la verdad, cómo me imaginaba la experiencia, pero sí puedo decir que superó cualquier expectativa que haya podido tener”, dice la joven ingeniera, quien en un momento de su carrera pensó en rendir el examen de ingreso al Balseiro. “Siempre me quedó la espinita del Balseiro adentro. Una vez en Instagram vi, de casualidad, la convocatoria a la CEATEN. Era algo que cerraba por todos lados”, cuenta.
De cara al futuro
Los tres coinciden en que lo más atractivo de la carrera es la amplia diversidad de temas y aplicaciones que se estudian. Mashud y Bernal destacan que se sorprendieron al conocer los múltiples usos de la ingeniería nuclear, que en general asociaban a la energía eléctrica. En la CEATEN descubrieron otras aplicaciones, como en medicina, minería o paleontología.
Por su parte, Vázquez agrega que es llamativo cómo todos, con diferentes perfiles, se van orientando a cosas distintas y aprenden disciplinas variadas, aunque no sean su objetivo final.
Con esta cursada se les abrió un mundo de posibilidades. Mashud es quien tiene más definido cómo seguir su camino. “Luego de esta experiencia, me gustaría poder desempeñarme en el rubro nuclear, especialmente en reactores de potencia”, expresa.
Bernal duda un poco más. “Todavía no tengo muy definido mi futuro profesional”, dice quien tenía la intención de dedicarse a la generación eléctrica pero, dadas las opciones, ahora no tiene tanta certeza. “La producción de radioisótopos es una rama que me está interesando mucho”, agrega.
Vázquez también está en una nueva búsqueda. Al postularse a la CEATEN, su objetivo era trabajar en reactores de investigación, pero esperará a la segunda parte de la carrera para definirse. “Mi expectativa es que me sirva como palanca para ingresar al mundo nuclear y me brinde las herramientas para tener una base de conocimiento y saber en qué profundizar”, concluye.
Junto al resto de sus compañeros de clase, cursarán la segunda parte de la CEATEN en Buenos Aires, con asignaturas de un perfil más tecnológico. Será en la Facultad de Ingeniería de la UBA, el Centro Atómico Constituyentes, el Centro Atómico Ezeiza y la sede central de la CNEA.
Visitarán también diversas instalaciones, como las centrales nucleares de Atucha, en la provincia de Buenos Aires, y de Embalse, en la provincia de Córdoba. Para recibirse, deberán desarrollar un trabajo final práctico-investigativo de dos meses de duración en diferentes empresas del sector nuclear de la Argentina.
Después de esta experiencia, retornarán a sus hogares. Volverán con sus familias, sus amigos y con trabajo, pero no todos sabrán si será el mismo. Muchos decidirán en el camino si retoman por donde venían o si definitivamente comienzan una ruta nueva. Lo que es seguro es que el esfuerzo habrá valido la pena.
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Por Marcela Rey – Área de Comunicación Institucional y Prensa / Instituto Balseiro (CNEA-UNCUYO)
Crédito fotos: Marcela Rey
Instituto Balseiro, San Carlos de Bariloche, 23/06/2026
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